domingo, 12 de julio de 2009

El color del verano 8


UN PEATON

Existe el conocedor profundo de los mil tonos amarillos, el mejor contador de cuentos, el tejedor de historias más sublimes, nada de eso soy, soy un caminante, un peatón.

Comenzaré a disfrutar la indiferencia con la que el mundo trata a mi persona.

Cuesta acostumbrarse a la belleza de la despersonalización, la gente se inventa histerias e historias para impedirlo. Es sosa nuestra vida: hagamos dramas, propongamos ideales, busquemos motivos de sufrimiento; (bebamos la falsa ambrosía de las palabras vulgares y los compromisos amorosos).

Soy un peatón y el refugio que el mundo me brinda es acogedor.

Existe el disector del cielo y catador de mieles; amante del olor de la tierra húmeda y consejero del eterno baile del mar; loco disfrazado y genio en ciernes; nada de eso soy, soy un ciudadano común.

Los cines y los rincones me conocen mejor que lo que el oráculo de Delfos pueda decir sobre mi; pueden hablar sobre mi importante persona las líneas sórdidas de un diario, la estrujante canción que haya arrancado una lágrima a una ama de casa, los aviones ensangrentados, la blancura del papel…

Soy un ciudadano común, un ciudadano medio, ni siquiera un vagabundo (que algún misterio importante siempre he creído que esconden), no hago girar miradas, y creo que me gusta.

El mundo me parece bien, no me han consultado para diseñarlo, los argumentos que en su escenario se representan se pensaron sin mi autorización. ¡OH! soy un peatón, un caminante, un ciudadano medio; y cuando me he dado cuenta, he sido acariciado.

(Una mirada cálida casi amorosa sobre un peatón despreocupado y feliz)

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