viernes, 30 de septiembre de 2016

DARWIN Y KROPOTKIN; COMPETITIVIDAD Y ALTRUISMO

En términos generales, la teoría de la evolución de Darwin, al menos en los descubrimientos adicionales de la genética moderna, nos ofrece una explicación coherente de la vida humana sobre la tierra.


Pero cuestionemos un poco la “supervivencia del mejor dotado”; según esta teoría, en las mutaciones aleatorias de los genes, se imponen las que garantizan mayores posibilidades de supervivencia. Para karl Popper sin embargo, la teoría de la evolución no es una teoría científica comprobable, sino una teoría metafísica altamente beneficiosa para las investigaciones subsiguientes.


Ante el énfasis Darwiniano en la competitividad de los individuos, Pedro Kropotkin añade la cooperación y el altruismo como factores evolutivos.


La abeja picará aunque esto le suponga la muerte con tal de proteger a la colmena; la cotorra árabe arriesga su seguridad para advertir al resto de la parvada de un ataque; las aves emigran en grupo antes que luchar entre ellas cuando hay escasez de alimentos; y entre los seres humanos, aunque hace menos ruido que la agresión, también vemos la compasión, la cooperación y el altruismo.


La biología moderna admite únicamente la competitividad como principio operativo fundamental y sólo la agresividad como tendencia fundamental de los seres vivos; pero la cooperación también es un principio operativo, y el altruismo y la compasión son también rasgos del desarrollo de los seres vivos.


El mundo se obsesiona con una física del siglo XVII (Newton), con un pensamiento racionalista causa-efecto (Descartes) y una genética por demás pragmática, materialista e inmediatista. Y el ser humano no cabe por entero en esas teorías.

jueves, 15 de septiembre de 2016

MATICES DE LA ALEGRÍA



Hay alegrías que provienen de una victoria, hay alegrías en las que tienes la sensación de haberte sacado la lotería, la vida te ha acariciado sin haber hecho nada. Son alegrías que disfrutas sabiendo que no te hacen evolucionar. Las alegrías que te despiertan son aquellas en las que encuentras algo que buscaste con mucha pesadumbre, cuando recuperas algo muy valioso que habías perdido, cuando encuentras una fotografía o una persona que te recuerda lo feliz que has sido, o que simplemente tu vida ha tenido sentido.
Hay la alegría de que ocurre lo que deseas, pasa lo que has planeado, aparece lo que anhelabas, y también existe la alegría como actitud vital.

martes, 6 de septiembre de 2016

LAS CUATRO ESTACIONES

 
En el circuito de la vida orgánica hay primavera, verano, otoño e invierno; es fascinante constatar que todos los aspectos de la vida y todo tipo de relación generalmente pasa por este circuito. El conjunto de nuestra vida está marcado por ese origen efervescente y primaveral; por el verano en su máxima pasión y plenitud; por el otoño con la recolección de los frutos de nuestra vida y por el invierno en el cual nos preparamos a consciencia para volver a la tierra y permitir que otra cosa surja a partir de nuestra culminación. Cada estación tiene su sentido, es importante estar en consonancia con la estación que nos toca vivir.
Las cuatro estaciones también pueden ser aplicadas a trozos y aspectos de nuestra vida: nuestro trabajo, nuestra pareja, nuestras amistades, nuestros proyectos, etc.
Alguien que se acaba de enamorar, está en la primavera de su relación, llegará la plenitud, la serenidad y la culminación... a menos que vengan otras primaveras. Una persona que se acaba de casar, está en la primavera de su vida matrimonial, llegará el verano con su epifanía en forma de proyectos o hijos, en la mayoría de los casos la vida les permitirá trascender el ocaso con nuevas primaveras. Nuestro trabajo, también tiene su primavera, su verano, su otoño y debemos ser capaces de estar atentos al invierno laboral, solamente otras primaveras permitirán que permanezcamos entusiasmados con nuestro trabajo: un proyecto nuevo, una movilidad, un aumento salarial, etc. de lo contrario, hay que plantearse un cambio en la manera como nos relacionamos con nuestro trabajo, o quizás debamos ser valientes, abandonar la zona de confort y buscar un nuevo trabajo.
Nuestra relación con la ciudad en la que vivimos también está marcada por el circuito de la vida orgánica, debemos ser capaces de percibir en que momento vital estamos respecto de la ciudad que nos da un sitio para vivir, y si es necesario provocar una primavera, de lo contrario simplemente gestionaremos el ocaso.
Las cuatro estaciones permean todo lo que hay sobre la tierra, incluso una fiesta tiene sus cuatro estaciones. Hay a quien le gusta participar sólo del verano festivo, no les gusta construir la fiesta, ni recoger lo que quedó… acabarán excluidos de la “fiesta”. En la fiesta de la primavera y el verano, es decir en la juventud, tienes decenas de vinos para elegir, y a veces no tienes el gusto entrenado; en el otoño, es decir en la madurez, tienes pocas botellas que valoras y disfrutas en pequeños sorbos; en el invierno aprender a tomar y darle sitio a lo que no ha podido ser, a lo que ha quedado fuera, y eso también tiene su belleza y sentido.
La metáfora de las cuatro estaciones, nos permite relativizar todo, todo es un continuum, nada está desconectado. Es una cura para el narcicismo y para la insignificancia al mismo tiempo, somos lo que fuimos y somos lo que seremos. La rueda del tiempo es la protagonista, la vida es la protagonista, y como dice Blanca Varela: “La vida es una noticia conmovedora”, conmovedora en ilusión de la primavera, en la pasión del verano, en la riqueza del otoño y en la sabiduría del invierno.
Es momento de reflexionar en que estación de la vida me encuentro respecto de mi trabajo, mis relaciones y la ciudad en que vivo.

jueves, 1 de septiembre de 2016

HILOZOÍSMO

Tales de Mileto es el primer Hilozoísta, afirmaba que todo está lleno de dioses y que el imán tenía alma. Es el primer intento en ver la huella dinámica en lo aparentemente inerte. No se trata de un panpsiquismo tan de boga en nuestros días, y que consiste en “espiritualizar” toda la realidad- sino un intento serio por entender el ser y la vida.
Los estoicos llegaron a tener una percepción vital del universo, para ellos el universo tenía vida propia, tesis que en años recientes ha resurgido sobre todo cuando se intenta entender a la tierra como un “ser vivo en si mismo, autorregulado”: Gaia.
Todo está lleno de dioses, nada es tan inerte como lo vemos, pues la realidad nos demuestra que las cosas aparentemente sólidas e inmóviles están hechas de partículas en constante movimiento.
De manera análoga, en mi trabajo de médico intento percibir lo más profundo de un ser humano, y me gusta mirar serena y tranquilamente a mis pacientes, y me pregunto ¿A dónde pertenece esta mirada?.
Me confieso un enamorado de la mitología griega, pero también de la mitología azteca, y en general de toda mitología que nos permite entender lo arcaico de las tragedias humanas, siempre perennes. En cada encuentro con los pacientes me vuelvo a topar con Edipo, con Prometeo, con Quetzalcóatl, y entiendo que toda tragedia humana ya se ha vivido, solamente se renueva.
Las miradas de mis pacientes siempre consiguen transportarme a un estrato de las vivencias humanas que ellos mismos desconocen, y me conmueven, a algunos de ellos los he acompañado por más de veinte años y he sido testigo discreto de su camino, de su esperanza y también de su dolor y no puedo menos que dejar de ver a ese sabio, a ese dios que se transluce a través de la fenestración que llamamos mirada. Hilozoismo o panpsiquismo, lo cierto es que no todo es inerte como parece, que la intimidad de la materia está en movimiento y que en el fondo de la realidad no hay "cosas", hay relaciones. Extrapolando esa realidad de la ciencia física, me gusta percibir en los ojos de mis pacientes algo más allá de los huesos y de la sangre, y entonces me pregunto: ¿Qué es lo que se muere, cuando uno se muere?.
Todo está lleno de dioses, me gusta comprobarlo en un buen vino tinto.