miércoles, 13 de junio de 2018

KINTSUGI: PONER VALOR A LAS HERIDAS


En Japón hay un arte centenario llamado Kintsugi “carpintería de oro”, reparan las piezas de cerámica rotas con oro, de esta manera las heridas de la vasija, -generalmente un cuenco de porcelana- se exhiben con una nueva belleza. Lo mismo pasa con nuestro recorrido vital, hay momentos de nuestra vida en la que hemos estado rotos, y ha sido nuestra resiliencia, el amor de otros y una dosis de buena suerte la que ha puesto brillo y belleza en nuestras heridas. La naturaleza es así: hace callos y cicatrices con tejidos más fuertes para los momentos que vienen.
Este arte japonés, me hizo recordar que en el documental "Cómo cocinar tu vida", el monje budista Edward Brown nos recuerda que utensilios se van gastando, abollando y perdiendo brillo, sin embargo, te parecen valiosos, están a tu servicio, se presentan tal como son, son sinceros.
En la antigua Francia los escultores trabajaban la piedra y los que no sabían mucho aplicaban remiendos con cera, de tal manera que los buenos escultores a sus obras les ponían un cartelito: "Sin cera" Los utensilios de la cocina son pues una buena metáfora de la vida, son "sin cera.
Amemos nuestras heridas, nos recuerdan que hemos vivido y sobrevivido.

jueves, 31 de mayo de 2018

EL AMOR ES UN ASUNTO DE PRESENCIA


Cuando le preguntamos a una persona ¿a quién amas? suele respondernos con las respuestas "correctas", cuando matizamos la pregunta ¿Para quién, o para qué estás realmente presente? Entonces la respuesta verdadera podría ser diferente.

Amamos de verdad a aquellos o “aquello” para lo que estamos realmente presentes, mientras que la respuesta “correcta” suelen ser los nombres de las personas a quienes estamos “obligados” a amar, o bien, aquellos hacia quienes tenemos sentimientos de ternura, pasión, etc.
Pensamos que amamos a aquellos con quienes se nos despiertan “sentimientos bonitos”, sin embargo el amor ES UN ASUNTO DE PRESENCIA, de hecho, grandes muestras de amor se ejercen sin sentir placer: cuidar a un anciano decadente, educar a un hijo que te hace la vida complicada, etc. Mucha gente te puede decir que te quiere, tú, seguramente piensas que quieres a mucha gente, pero te quiere de verdad quien está presente para ti y viceversa. La realidad es que podría ser que lo que realmente amas es el tabaco, el trabajo, el whatsapp, etc.

El amor verdadero no siempre tiene connotaciones placenteras, sin embargo siempre se vive como una intimidad que se comparte.

Respecto del amor romántico entre dos seres humanos, cuando alguien dice TE QUIERO, y si lo dice verdaderamente, le tiembla el alma, no hay frase más bella, ninguna otra frase nos conmueve más hondamente, y nos une tan íntimamente con otro ser humano, es una frase humilde, nos hace pequeños y grandes a la vez, nos hace profundamente humanos.

FOTO: “Eros y Psiqué” de Antonio Cánova, museo el Hermitage

miércoles, 23 de mayo de 2018

PHILIP ROTH ENTRE MIS PALABRAS

Me levanté del diván modulando mis movimientos con una parsimonia inusitada, le dejé los 100 pesos en la mesa, le di la mano, le dije “muchas gracias, creo que ya no volveré”. Me despedía de nueve años de psicoanálisis.
Se terminaba el año dos mil y el psicoanalista me había pedido que le hiciera un recuento de las cosas trascendentes que había hecho en ese año, me quedé 20 minutos en silencio, le dije: “creo que no he hecho nada importante”.
Conducía mi coche con una desconocida tranquilidad, la lluvia rodaba por los cristales, imagino que mi cara desafiaba la gravedad para no derrumbarse en trozos...la soledad me besaba. Quizás lo que necesitaba era más tiempo y más silencio, pero ya sabemos –por boca de Woody Allen- que Edipo transformó las horas en 50 minutos de 100 dólares, en mi caso, 50 minutos de 100 pesos. Pues después de un buen rato de tener mi coche aparcado, con la lluvia como testigo y teniendo a Chopin como música de fondo (ese eterno premenstrual), me di cuenta que en ese año, leí todo lo que se había publicado de algunos escritores que se han convertido en guías para vivir: Dostoievski, Gore Vidal, Susan Sontag, Margerite Yourcenar, Paul Auster, Philip Roth...
La primera obra que leí de Auster fue: “La invención de la soledad”, fue empezar el libro y no detenerme hasta el final, me pareció una obra honesta, un tributo a la paternidad, pues lo empezó a escribir justo el día que murió su padre. Lo mismo que Patrimonio de Philip Roth el eterno aspirante al Nobel (me consuela saber que a Borges tampoco se lo dieron, ni a Rulfo). Patrimonio es un relato verdadero sobre los últimos días de su padre, me conmovió profundamente , creo que podría adoptar ese libro como un testamento vital. Philip Roth nos muestra la fragilidad masculina, sus personajes son fallidos, descarnados, reales, desamparados. Si retrató una nación, lo hizo mirándose en el espejo. Me repito la línea final de 'Patrimonio', el libro más devastador que conozco: "No hay que olvidar nada", y la hilo con otra de sus frases: "la vejez es una masacre".
Aquel día me levanté del diván, y hoy estaría dispuesto a volver a estirarme en él.
La literatura ha ayudado a ordenar mi caos, puede ser que ahora tenga una mente más libre, quizás más lúcida. Sin embargo, tanto si me vuelvo a estirar en un diván o no, tengo claro que si un día estuviera en un momento difícil, ya sea por enfermedad, tristeza o por ser víctima del azar, quiero que no me falten palabras, escritas por otros, tejidas por mi... da igual, son las palabras las que me han ayudado a disfrutar (y a veces soportar) el misterio de vivir.

jueves, 17 de mayo de 2018

LA HUELLA DE ABANDONO


La huella de abandono es la fuente de sufrimiento más intenso para los seres humanos, ese sentimiento que incluye el vacío existencial, la sensación de desamparo, y la ilusión de estar desconectados, de no pertenecer.
La huella de abandono se genera en el vientre de nuestra madre, cuando empezamos a SER, y no sólo SER, sino, además, SER OTRA COSA. La vida es un cambio constante, un dejar de ser para ser otra cosa, y en general esos cambios los vivimos con naturalidad y a veces incluso jubilosamente, los que somos adultos, quizás miremos con alegría la época en la que teníamos doce años, o cuando fuimos adolescentes, pero difícilmente a alguien le gustaría haberse quedado instalado permanentemente en esa etapa.
En el vientre de nuestra madre nos vamos individuando, y desde el momento que tenemos percepciones y sensaciones empezamos a experimentar esa individuación, empezamos a generar la huella de abandono. Tenemos idealizada la vida intrauterina “ese paraíso con la temperatura ideal, en un medio líquido que es como una reminiscencia de nuestra vida pretérita en el mar, etc.” sin embargo parece ser que a partir de la semana 20 de gestación el feto responde a estímulos dolorosos, todo lo que ocurre a su alrededor le impacta, desconocemos con precisión el tipo de impacto biológico y psicológico; de cualquier manera sabemos que la experiencia humana no se reduce a lo biológico y podemos pensar que así como los niños tienen dolores de “crecimiento”, el feto también tendrá sensaciones al ir creciendo en la vida intrauterina, y empezará a construir su universo de significaciones de la misma manera que lo hace un niño interactuando con sus padres, un niño es extremadamente sensible a los gestos sutiles de aprobación, amor, ¡repugnancia!, orgullo, vergüenza, etc. que pueden sentir sus padres respecto de él.
La huella de abandono inicia en la vida intrauterina y tiene su momento culminante en el parto, en la separación física de nuestra madre, posteriormente se va configurando, en los primeros años de vida, hasta los siete aproximadamente y se ratificará, profundizará, ramificará entre los siete y los catorce años; esa configuración y ratificación se modulará por las carencias afectivas respecto de los padres y también por la sobreprotección.
La huella de abandono modula los grandes sufrimientos que experimentamos durante la vida, de tal manera que, cuando alguien, por ejemplo, dice: “lo que más me ha hecho sufrir en la vida es cuando me separé de tal persona, con la muerte de mi madre, con la muerte de mi hijo, etc.” pero no es así, ese evento doloroso incidió en tu huella de abandono.
Nadie escapa a la huella de abandono, la intensidad por supuesto, es variable. Cuando la huella de abandono es muy profunda los apegos y las conductas compulsivas serán más evidentes: sexo, poder, dinero, fama, sensaciones (adicciones), etc. quizás el apego mayor, que es a nuestra madre, se manifiesta sobre todo en nuestra vida amorosa, ese vacío, esa huella de abandono maternal es la que hace que las personas vivan sus relaciones amorosas siempre con toques de enamoramiento, en el sentido patológico, porque quizás la sensación que subyace es la de “por fin he encontrado la madre que buscaba”, y el desamor lo vive como le ocurre a un niño a quien arrancan bruscamente del pecho de su madre, enamorarnos (en el sentido patológico) con una gran dosis de sufrimiento en el fondo es querer llenar nuestro vacío con alguien más, querer poseer a alguien para llenar el hueco que en el fondo nadie puede llenar, porque muchas veces le pedimos a nuestras parejas (amigos y cualquier fuente de cariño) que nos de lo que en realidad anhelamos recibir de nuestra madre.
Hay formas más sutiles de expresión de la huella de abandono, por ejemplo, hay personas que tienen el anhelo de encontrar vínculos en el trabajo, deseando que les dé más de lo que se puede dar, es una demanda infantil. La huella de abandono nos permite gestionar nuestro sentimiento pobre o exacerbado (para fines prácticos es lo mismo) perteneciendo a un club de futbol, a una idea política, a un gurú, etc.
El bebé necesita atención, cuidados, alimento, cariño, etc. nada más por SER, a diferencia de un adulto que aprende a generar las condiciones para recibir atención, cuidados, alimentos, cariño, etc. Es por ello por lo que la adolescencia es un momento crucial para empezar a reparar la huella de abandono, darse cuenta de que el mundo no gira a nuestro alrededor, que la vida es una caja de bendiciones y sorpresas espontáneas, mezcladas con una buena dosis de esfuerzo, responsabilidad y compromiso. Tú eres tus compromisos, tus compromisos te definen, un adolescente no tiene compromisos, alguien que no ha reparado, que no ha puesto consciencia en su huella de abandono, no puede comprometerse con nada, será un adolescente eterno.
La huella de abandono se puede reparar, es importante empezar a transformar la pregunta ¿Por qué no me dan lo que yo necesito?, a ¿Qué tengo que hacer para generar lo que me hace falta para ser feliz?, ¿Qué puedo hacer para asentir al hecho de que la vida es un cúmulo de encuentros y desencuentros, de principios y finales, etc.?
La huella de abandono no siempre se vive con conductas impulsivas: sexo, dinero, poder, fama y sensaciones; también la podemos ver en otro tipo de anhelos, en la búsqueda de afecto, de apoyo, de comprensión, de placer, de inspiración de conocimiento y de reconocimiento. Estos anhelos son comunes a todos los seres humanos, dependiendo de la personalidad se decantará más por un anhelo:
Una persona estructurada buscará conocimiento.
Una persona energética buscará comprensión.
Una persona expansiva buscará afecto.
Una persona solitaria buscará la inspiración.
Una persona sensitiva buscará el apoyo.
Una persona aguda buscará el reconocimiento.
Una persona carismática buscará el placer.
A más profunda la huella de abandono, mayor profundidad en el anhelo.
¿Cómo reparar / sanar esa huella de abandono? Con la consciencia, con el autoconocimiento, para mi es básico reconocer los apegos personales, el tipo de personalidad que uno tiene, los anhelos que hay en la persona que soy, etc. y también conocer, sin juicio, sin “equipo de investigación” a nuestros padres, reflexionar tranquilamente si nos hemos sentido confirmados, amados, nutridos, etc. si en algún momento ellos sintieron repugnancia, vergüenza, miedo, culpa, etc. respecto de nosotros, y debe ser una reflexión sin juicio, constructiva, ¡ESTAMOS VIVOS! y mientras lo estemos todavía tenemos una oportunidad, de desapegarnos, de detenernos en silencio para contemplar, para alegrarnos de estar vivos. Conocer nuestra huella de abandono nos permitirá comprender nuestro apego a personas, cosas y situaciones.
El anhelo mueve la vida, y los anhelos profundos, además de avisarnos de una gran huella de abandono, también nos han hecho perder gran esplendor en nuestra vida; la búsqueda compulsiva de sexo, dinero, fama, poder, sensaciones; etc. nos ha arrebatado muchas veces la joya invaluable del presente. Por otro lado, están las personas que ya no tienen anhelos, viven apagados y resignados al vacío interior y a su sensación de estar desconectados. Ya no les interesa conocer, que les comprendan, que los quieran, ya no buscan la inspiración, han abandonado el deseo de ser apoyados, ya no se esfuerzan por ser reconocidos… ya no buscan el placer; están un poco muertos en vida. Alégrate puede de que estás vivo y que puedes gestionar tu huella de abandono, que es un dolor, sí, pero también un motor de búsqueda una posibilidad para despertar, para aprender que realmente disfrutamos cuando nos desapegamos.
Si no sabes cómo gestionar tu huella de abandono busca al experto.