
Poco se usa y poco se explica la
palabra “Socarrón” esa capacidad de mirar las cosas con un toque de burla e
ironía, pero sin llegar al sarcasmo. Así que intentaré explicarla. Curiosamente
la etimología nos refiere al Catalán “Socarrrar”, que significa: quemar
ligeramente la superficie de una cosa, ya podemos intuir que un socarrón “quema”
lo burdo de los significados y las circunstancias. Un socarrón es como un
sordo, tiene una ironía disimulada, hace como que no entiende, hace como que no
se entera… pero se entera, ese es el punto; porque la socarronería no es negligencia,
es más bien una relativización burlona de las circunstancias. Para explicarlo
con referentes literarios podemos decir que: Dante, no era socarrón; Cervantes,
era socarrón. Deberíamos entrenarnos en la socarronería, vivir la vida con una
cierta ironía, relativizar las coas, tomarse los asuntos de la vida con una
sonrisa medio burlona, porque al final de cuenta somos contingentes y pequeños
Debemos sonreír socarronamente: “Pa’ que tanto brinco estando el suelo tan
parejo”.