miércoles, 20 de agosto de 2014

BELGRADO, UNA CIUDAD PARA SUS HABITANTES


Me gustaría decir que fuimos a Serbia, pero sería inexacto, y aunque aterrizamos en el aeropuerto Nikola Tesla de Belgrado, tampoco puedo decir que hayamos conocido Belgrado. Por cierto es agradable aterrizar en un aeropuerto que tiene el nombre de un científico.



Hace tiempo que tenía el anhelo de conocer Belgrado, sobre todo porque hace años que conozco a algunos Serbios que transmiten amor por su tierra, y habiendo leído “Un puente sobre el Drina” de Ivan "Ivo" Andrić he llegado a pensar que todos los Serbios aman a su tierra.



A pesar de que fueron pocos días, puedo decir que Belgrado es una ciudad Europea amable y agradable, sorprende estar en Europa y encontrarse en el barrio de Zemum un restaurante  donde seguramente comen los ejecutivos (todos varones) de la zona, con un menú que no llegaba a los 5 euros, un placer inconcebible en Barcelona.



Nos instalamos en un hotel de la famosa calle Skadarlija, no insistiré más en que Belgrado es muy barato: 80 céntimos de euro el bus del aeropuerto a la ciudad te lo dice todo.



Lo que más me gustó de Belgrado, además de los atractivos turísticos que se pueden encontrar fácilmente en internet y en las guías: Zemum, la imponente iglesia de San Sava, la catedral de San Miguel, el paseo por el Danubio, la fortaleza de Kalemegdan, las calles comerciales, etc. es que es una ciudad que prácticamente la disfrutan sus propios habitantes.



Es un placer pasear por una ciudad en donde no hay hordas de turistas queriendo capturar en una imagen las “experiencias” que les han vendido de los grandes parques temáticos mundiales: Praga, Barcelona, Nueva York, París, etc. En cambio, las terrazas alrededor del Danubio estaban llenas parejas disfrutando la majestuosidad del río, niños jugando en los inmensos parques, muchas personas haciendo Kayak, y unos pescadores como testigos de la eternidad del río, ojos bucólicos que han visto pasar barcos durante siglos.



Vivimos una época donde la vida moderna pretende por un lado despojarse de ritos espirituales y en cambio los sustituye por estereotipos sociales, posturas afectadas, etc. es por ello que me resultó muy conmovedor ver la religiosidad de las personas en las iglesias ortodoxas, viví un momento extático en la catedral de San Miguel, gracias a la belleza de la iglesia, a los rituales de los fieles y a una música inefable que me condujeron a una experiencia espiritual.



Es imposible no detener la mirada en los edificios bombardeados por la OTAN en 1999, entre ellos el ministerio de defensa de Belgrado, te recuerdan que Belgrado es hilo conductor de una historia milenaria muchas veces trágica.



He de decir también, que Belgrado es una ciudad donde no hay mendicidad, desconozco las razones. Aclaro que me parecen injustas las razones para la mendicidad, y que me parece muy bien que un ser humano luche por su supervivencia, yo simplemente resalto el hecho de que en Belgrado no hay mendigos.



Terminamos la escapada con una comida en el Klub Knjizevnika  en la calle Francuska, no se que criterios se toman en cuentra para otorgar a un restaurente estrellas y galardones, pero sin duda, ese restaurante es uno de los lugares en donde mejor he comido de mi vida, un sitio elegante, bello y con una comida que podemos llamar arte y por tan solo 20 euros.


De momento Belgrado no está pensada para el turismo, está pensada para los habitantes de la ciudad, un toque de humanidad, lo cual no resta que todos los servicios mínimos que busca un clásico turista como yo los encuentra sobradamente en Belgrado: Arquitectura, cultura, historia, deportes, buenos transportes, etc. Belgrado no está volcado al turismo pero da una magnífica atención a los turistas que llegamos a disfrutar de esta bellísima ciudad a la que pienso volver.

sábado, 16 de agosto de 2014

EL ESPEJO Y LA LUNA LLENA


 Le seguí discretamente mientras empujaba el carrito de la compra que le servía de bodega y almacén de los objetos que recolectaba en los contenedores. No era muy diferente que muchos pepenadores urbanos a los cuales ya vemos sin sorpresa por la ciudad. Lo que me llamó la atención era la mezcla de sobriedad y gracilidad en sus movimientos, como si estuviera poseído por una dignidad de la cual no era consciente.

Objetos metálicos, una cafetera vieja, trozos de madera, pequeños billetes de esperanza para aquel hombre pequeño, de unos 40 años y unos zapatos que parecían más viejos que él; el pantalón ajustado con un cinturón enorme cuya punta se movía sinuosamente, como sus pasos.

Sus paradas en las esquinas donde habitan los contenedores, testigos mudos de la fábrica de basura que somos, me daban oportunidad de pensar en él como persona, en el telediario habían dicho que “Por causa de la luna llena y del mar en calma, habían llegado cientos en pateras a las costas”, yo replicaba interiormente que la causa era el hambre entre otras cosas, y la luna hermosa solamente la ocasión. Pensé en su mujer, si tenía; en su madre, si vivía; en sus hijos, Y me pregunté donde vivía.

(Ya sabemos que nuestra indignación es pronta y ontológica mientras no suponga un esfuerzo de nuestra mano )

En uno de los contenedores encontró un espejo de mano, era la primera vez que sonreía al encontrar algo, limpió el espejo con la manga de su jersey, se miró explorando su rostro con discretos movimientos, reparó con sorpresa en sus cabellos, se limpió la cara, se acarició el cabello.

FOTO DE ARTURO MEDINA http://www.fotocommunity.es/fotografo/arturo-medina/1492212