sábado, 16 de agosto de 2014

EL ESPEJO Y LA LUNA LLENA


 Le seguí discretamente mientras empujaba el carrito de la compra que le servía de bodega y almacén de los objetos que recolectaba en los contenedores. No era muy diferente que muchos pepenadores urbanos a los cuales ya vemos sin sorpresa por la ciudad. Lo que me llamó la atención era la mezcla de sobriedad y gracilidad en sus movimientos, como si estuviera poseído por una dignidad de la cual no era consciente.

Objetos metálicos, una cafetera vieja, trozos de madera, pequeños billetes de esperanza para aquel hombre pequeño, de unos 40 años y unos zapatos que parecían más viejos que él; el pantalón ajustado con un cinturón enorme cuya punta se movía sinuosamente, como sus pasos.

Sus paradas en las esquinas donde habitan los contenedores, testigos mudos de la fábrica de basura que somos, me daban oportunidad de pensar en él como persona, en el telediario habían dicho que “Por causa de la luna llena y del mar en calma, habían llegado cientos en pateras a las costas”, yo replicaba interiormente que la causa era el hambre entre otras cosas, y la luna hermosa solamente la ocasión. Pensé en su mujer, si tenía; en su madre, si vivía; en sus hijos, Y me pregunté donde vivía.

(Ya sabemos que nuestra indignación es pronta y ontológica mientras no suponga un esfuerzo de nuestra mano )

En uno de los contenedores encontró un espejo de mano, era la primera vez que sonreía al encontrar algo, limpió el espejo con la manga de su jersey, se miró explorando su rostro con discretos movimientos, reparó con sorpresa en sus cabellos, se limpió la cara, se acarició el cabello.

FOTO DE ARTURO MEDINA http://www.fotocommunity.es/fotografo/arturo-medina/1492212

1 comentario:

ana gloria malo bendoiro dijo...

Que bueno volver a leerte.
Gracias