domingo, 27 de marzo de 2016

COSMÉTICA DEL HOMBRE NARCISISTA Y SOLITARIO

Vivimos un tiempo y una cultura que nos exige ser exitosos, eternamente jóvenes y felices, la realidad es diferente, si nos despojáramos de todas las prótesis y maquillajes; y liberáramos los instintos menos civilizados encontraríamos un panorama dantesco y maquiavélico.
El sistema nos ha introducido una mentira individualista “si tú te preocupas por tu felicidad, por tu éxito, por ti mismo, entonces podrás estar en condiciones de aportar a los demás” es una falacia porque ese sistema no ha funcionado y no ha conseguido personas felices, antes bien ha forjado personajes solitarios, individualistas, narcisistas y muchas veces mezquinos.
Hay pocos reductos para experiencias colectivas, pero cuando los encontramos son un hontanar de agua fresca. Especialmente en el campo terapéutico.
Las soluciones terapéuticas en grupo tienen unas cuantas características que le dan un lugar privilegiado entre las distintas formas de terapia, cuando trabajamos en grupo experimentamos una sensación de fraternidad que nos devuelve la confianza en el ser humano, no es solo la burda comprobación de que otros también tienen dificultades, también es la alegría de encontrar la solidaridad en un espacio colectivo.
Hace tiempo que reflexiono en el hecho de que si una persona tiene el valor de explicar su asunto delante de un grupo, seguramente su problema tiene una solución más fácil que si tal asunto se tuviera que mantener bajo un estricto secreto, y no es solamente por la experiencia de la catarsis, sino también porque cuando algo sale a la luz, ya no necesita metáforas exteriores en forma de síntomas y sufrimientos, ya no es necesaria una raíz en la herida.
El trabajo en grupo –especialmente con figuras sistémicas- nos da la oportunidad de asumir una postura honesta y responsable delante de lo que estamos viviendo, abandonamos los maquillajes y las prótesis mentales que hemos ido adquiriendo para poder sobrevivir. En una entrevista individual el terapeuta podría interpretar, explicar un síntoma, interpelar una idea del paciente, etc. Y sin embargo, el paciente podría resistirse, en cambio en el grupo, la imagen que se obtiene mediante el trabajo colectivo es incontestable, delante de ella solo nos cabe el asentimiento y la responsabilidad, pues las imágenes aunque son terapéuticas, exigen de nosotros asumir la consecuencias y dar los pasos coherentes con el trabajo realizado.
El humano solitario y desolado, necesita una cosmética mucha veces superficial, contrapongo a esa postura vivir cosas colectivas: una familia, un grupo de amigos, un grupo solidario… en este caso que me ocupa un grupo terapéutico. Confío en el trabajo que realizo porque considero que si alguien ya se toma un día de su agenda, tiene la valentía de exponerse a un público, ejercita la honestidad dejando de lado los maquillajes y hace la higiene relacional correspondiente, el trabajo grupal le ayudará con el resto.
Ante la cosmética de falso éxito, hace falta recordar QUE EL SUFRIMIENTO EMPIEZA CUANDO EMPIEZAS A CREES QUE ESTÁS SOLO Y DESCONECTADO.

ESCUCHAR ES UN ARTE

Cuando una persona está pasando un mal momento lo ideal sería que se quejara de manera elegante y sabia y dejar el papel de "salvaje" al que le escucha, es decir, el que pasa mal momento expresa que se encuentra mal, el que le escucha dice "Es una mierda, es absurdo, te entiendo, etc."; de esta manera, el que está sufriendo tiene la oportunidad de replicar relativizando todo y quedando como un sabio despierto para el momento difícil que está viviendo.
 
Lamentablemente, cuando sufrimos y nos quejamos, el que nos escucha intenta consolarnos con palabras sabias y sensatas de tal manera que el sufriente queda como un paleto y el que escucha como un iluminado.
 
Si quieres tener buenos amigos, escúchales cuando se quejen, no les des consejos, no les tengas lástima, no seas más sabio que ellos: ABRAZALES CON CARIÑO.

lunes, 14 de marzo de 2016

EVOLUCIONAR POR PLACER

Resulta paradójico que vivimos en una sociedad "aparentemente" hedonista, que nos estimula constantemente, y sin embargo vivimos placeres que no nos llenan del todo, a veces nos tienen atrapados y hasta pueden apartarnos del propósito de nuestra vida: El alcoholismo por ejemplo. El hedonista por antonomasia es Epicuro quien buscaba una vida feliz mediante los placeres, pero no solamente buscaba el placer corporal, también el placer mental para llegar a la "ataraxia" o serenidad. La finalidad de la filosofía de Epicuro no era teórica, sino más bien práctica, buscaba sobre todo procurar el sosiego necesario para una vida feliz y placentera en la que los temores al destino, los dioses o la muerte quedaran definitivamente eliminados. Es por ello que digo que el límite de un placer es un placer superior, y que si estamos atrapados en algo es porque no hemos visto la posibilidad de un placer superior.
Por otro lado la vejez, la enfermedad, la pobreza, etc. limitan la cantidad de placeres, sin embargo los placeres vividos desde la precariedad se viven con mayor intensidad: "En Buenos aires los zapatos son modernos, pero no lucen como en la plaza de un pueblo" cantaba Leon Gieco, y seguramente una cerveza una vez a la semana sabe mejor que seis cervezas diarias, aplicado a cualquier placer. Lo mismo que el placer de moverte cuando has pasado mucho tiempo en cama por enfermedad.
El placer es una buena y legítima vía para evolucionar, nos suelen decir que solamente con las crisis evolucionamos, yo creo que aprendes más de la felicidad que de la desgracia, pero si estás dormido durante la felicidad, vendrá el dolor a despertarte.
Evolucionamos por placer, pero no huimos de las dificultades.

FABRICAR PENSAMIENTOS


No hace falta ser neurólogo o experto en lenguaje para imaginar el efecto que debe tener en la conducta pensar de una manera diferente, por ejemplo sustituir el "PERO", por "Y". "Quiero ir a la playa, pero tengo que trabajar", crea un conflicto, si en lugar de poner el PERO, ponemos un Y nos encontramos con una realidad que requiere solución: "Quiero ir a la playa y tengo que trabajar", ambas cosas son compatibles, hay que buscar la solución.
Otra pequeña modificación en nuestra manera de pensar sería sustituir "Tengo que hacer" por "Quiero hacer". Las actividades que nos ilusionan podrían estar postergadas por el añadido del “deber”: “Tengo que sacarme el carnet de conducir” es una afirmación limitante; “Quiero sacarme el carnet de conducir” es una afirmación menos conflictiva para nuestro cerebro, y así con todo: “Tengo que / quiero curarme”; “Tengo que / quiero bajar de peso”; “Tengo que /quiero aprender inglés”.

Bernard Roth autor del libro: The Achievement Habit: Stop Wishing, Start Doing, and Take Command of Your Life, pone mucho ejemplos de situaciones en las que incluso actividades que podrían parecer difíciles y desagradables como sacar unas oposiciones, se es más eficaz si en el lenguaje usamos el “Quiero hacer esto”.
 
Quizás muchas cosas que hacemos en la vida, nos son impuestas, y por ello las rechazamos a priori, la realidad es que si "TIENES" que hacer algo, será mejor que lo quieras.
Los problemas son a veces como una puerta, y esa puerta no se abre con otra puerta, se abre con una llave, debemos poner la mirada más en la solución que en el problema.

martes, 1 de marzo de 2016

UN DOMINGO CON LOUIS VUITTON

Me senté en la única mesa que estaba libre en aquella terraza, curiosamente en esa tarde había una persona por mesa, seguramente un trozo del mundo es así, personajes solitarios que intentan sobrevivir con dignidad a los domingos.
Pedí una cerveza sin alcohol, que tengo ochenta años y de vez en cuando debo hacer un gesto contrito de bondad, al escuchar mi petición la camarera no acertaba cual actitud asumir: compasión, benevolencia, repulsa, afecto fingido...
Supongo que el espectáculo de una luz primaveral en un mar todavía invernal era el motivo de aquel silencio, de aquella introspección de todos los ocupantes de la terraza... o quizás simplemente intentaban sobrevivir en silencio -como cualquier ser humano- a lo sórdido de un domingo.
Una mujer llamó mi atención poderosamente, se acercó con pasos tan firmes que los presentes nos dimos cuenta que se sentía dueña del suelo que pisaba, se sentó majestuosamente, dejó su maleta al costado, una maleta que era de la misma marca que su pañuelo, su bolso y sus gafas de sol... seguramente ella sobrevivía mejor al absurdo dominical: “tengo una marca, luego existo”.