jueves, 5 de agosto de 2010

CHARLES BUKOWSKI O COMO LANZAR PERLAS A LOS CERDOS

Quería jugar a ser el vilipendiador del analfabetismo tan extenso en la red, y para ello estaba preparando un texto que se podría resumir muy fácil: “lanzar perlas a los cerdos”, sin embargo el juego del ofensor de turno se me da muy mal, seguramente me faltan agallas para ello –que no palabras ni convicciones-, así que he preferido pedir ayuda a un valiente de la literatura, que no tuvo miedo ni a las palabras ni a la vida, he decidido rescatar, algunos breves párrafos de Charles Bukovski, él, que solía comprar los best seller de turno, sólo para darse cuenta que lo que publicaban en general era basura, y que él podría seguir escribiendo para sí mismo.

ALGO DE CHARLES BUKOWSKI

“Pero la escritura, por supuesto, cómo el matrimonio, la caída de la nieve o las llantas de los autos, no siempre perdura. Tú puedes ir a la cama el miércoles en la noche siendo un escritor y despertar el jueves por la mañana y ser otra cosa totalmente diferente. O puedes irte a la cama el miécoles por la noche siendo un plomero y despertar el jueves por la mañana siendo un escritor. Este es el mejor tipo de escritores... Muchos de ellos mueren.”

“Despues de una pausa de diez años y de haberle vendido mis cosas a la revista "Story" y a otras, mis dedos se pusieron a construir un poema. O mejor dicho, una charla de bar. Los rechazos llegaron bastante pronto. Pero no me afectaron, porque yo sentía que en cada línea estaba diciendo algo. No para ellos, sino para mí mismo”.

"Es el intento de escapar del sufrimiento lo que crea grandes escritores: te sientes tan bien que haces que los lectores se sientan bien."

"¿Qué puede hacer un poeta sin dolor? Lo necesita tanto como a la maquina de escribir."

"El problema principal de ser escritor: tiempo libre; demasiando tiempo libre. Tenias que andar esperando que
se te acumulara el material para poder escribir y mientras esperabas, te volvías loco, y como te volvías loco, bebías; y cuando bebías, mas loco te ponías. La vida del escritor no tenía nada glorioso, tampoco la del bebedor"

“Escribí un cuento desde el punto de vista de un violador de una niña muy pequeña. Y la gente me acusó. Me hicieron entrevistas. Decían: ‘¿Le gusta violar a niñitas?’. Dije: ‘Por supuesto que no. Estoy fotografiando la vida’. Me metí en problemas con montones de cosas. Pero, por otro lado, los problemas venden libros. Pero, en última instancia, escribo para mí. (Da una larga pitada a su cigarrillo.) Es así. La pitada es para mí, la ceniza es para el cenicero. Eso es publicar. Nunca escribo de día. Es como ir al supermercado desnudo. Todo el mundo te puede ver. De noche es cuando se sacan los trucos de la manga... la magia”.

“No tengo idea de lo que voy a escribir cuando me siento a la máquina. Nunca me ha gustado el trabajo arduo. Y planificar lo es. Prefiero que salga del aire o de algún lugar situado detrás de mi oído izquierdo. He descubierto que me encuentro en un estado como de trance cuando escribo. A veces entra mi esposa cuando estoy escribiendo y grito. No porque la obra sea tan valiosa, o porque yo sea valioso, sino porque me despierto asustado”.




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