viernes, 23 de octubre de 2009

EN MOSCÚ LOS RICOS TAMBIEN LLORAN

Tengo una reciente amistad con un filólogo, él es ruso y su especialidad es el castellano, cuando le conocí le espeté “Moscú no cree en las lágrimas”, me contestó “Pero en Moscú, los ricos también lloran”, y de esta manera ambos evitamos el acercamiento lejos de los tópicos sobre Rusia o sobre México, y al ser ambos de provincia hemos tenido la oportunidad de enterarnos de cosas diferentes de nuestros países, cosas que ocurren fuera de los reflectores que apuntan a Moscú o ciudad de México.
Hemos hablado de literatura rusa, pero también de culebrones mexicanos, pues no debemos olvidar que Rusia se paralizaba con la transmisión de “Los ricos también lloran”, y así como los culebrones catalanes me ayudaron a mi a aprender el catalán de la calle, a él le han ayudado las series Españolas y los culebrones mexicanos.
Toda reflexión en torno a las cuestiones literarias es para mi punitiva y liberadora al mismo tiempo. Recientemente una entrañable amiga me decía tímidamente “últimamente escribes más de lo que lees”, cuando justamente tengo la sensación de que ¡Ya debería publicar algo!, pues coincido con Kureishi “Nunca te encontrarás a ti mismo en un libro a menos que lo escribas tu”.
Sin duda el proceso creativo se acelera cuando un hombre entra en crisis, porque cualquier hombre en un momento de crisis recurre a lo que mejor conoce, el homicida al homicidio, el ladrón al latrocinio, el mentiroso a la mentira, el escritor a la escritura. Y junto con mi amigo Ruso, recordamos como Agobiado por sus deudas, Fyodor Dostoyevsky se comprometió a escribir “El jugador” en poco tiempo, para ello pidió ayuda a la joven taquígrafa Anna Grigórievna Snítkina, consiguió dos cosas, escribir la obra en 26 días y al mismo tiempo conseguir mujer, pues ella se quedó a vivir con él.
Quizás debería firmar un contrato y ponerme a escribir algo.

1 comentario:

Flavia dijo...

Si,me encantaria leer un livro suyo.