miércoles, 24 de febrero de 2010

INVICTUS


INVICTUS de William Ernest Henley

En la noche que me envuelve,
Negra como un pozo insondable,
Doy gracias al Dios que fuere,
Por mi alma inconquistable

En las garras de las circunstancia,
No he gemido ni llorado,
Ante las puñaladas del azar,
Si bien he sangrado, jamás me he postrado

Más allá de este lugar de ira y llantos
Acecha la oscuridad con su horror
No obstante la amenaza de los años,
Me halla y me hallará sin temor.

Ya no importa cuan recto haya sido el camino
Ni cuantos castigos lleve a la espalda
Soy el amo de mi destino
Soy el capitán de mi alma


Por fin pude ver INVICTUS, el otro día, alguien me decía que después de ver la película se puso a leer un poco más sobre la vida de Mandela y llegó a la conclusión de que es un “santo”, seguramente la institución encargada de llevar a los altares a los humanos que han muerto no estará de acuerdo, pero sin duda coincido con mi amigo en el hecho de que Mandela es un modelo a seguir.

Parece ser que Mandela mantuvo su fortaleza espiritual gracias -entre otras cosas -al poema de William Ernest Henley, y pudo soportar así 27 años de prisión, el mismo autor del poema es un ejemplo de perseverancia y esperanza, pues enfermo de tuberculosis le fue amputada una pierna a los 12 años.

Clint Eastwood como siempre, consigue una obra de arte no obstante tratarse –la película- de una anécdota en el contexto de la difícil tarea de poner en pie a un país que había perdido la esperanza, y la película tiene los mismos toques de ingenuidad y libertad que el propio Mandela tiene, pero exalta con magnificencia, la obstinada esperanza de un líder por demás carismático, nos regala retazos de esa soledad de un hombre amado por cuarenta millones de personas y que sin embargo duerme y come solo.

Una película para recuperar el entusiasmo que podría uno haber perdido, y un destello de un Mandela que sin duda es una figura para acuñar en las mentes de todos los seres humanos.

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