jueves, 25 de agosto de 2016

INTELLIGE UT CREDAS, CREDE UT INTELLIGAS

Hay un trozo de la calle diputación de Barcelona que en una acera tiene a la Universidad y del otro lado al Seminario: una calle que une a la ciencia y a la Fe. Ese trozo de calle tiene además –como muchas otras calles- árboles plataneros, una reivindicación de la vida emergiendo del asfalto.

Las hojas de esos árboles filtran los aires de la Fe y los aires de la ciencia, y se sienten cómodos con ambos, Agustín de Hipona estaría orgulloso de ellos, han hecho caso de su mandato: Entiende para que creas; cree, para que entiendas. ("Intellige ut credas, crede ut intelligas").

De manera análoga, caminar consciente y tranquilamente bajo la sombra de esos árboles, me sirve muchas veces para vivir una meditación peripatética y urbana. 
La elaboración creativa y consciente del acto de meditar es un paso previo para estar simplemente “presente” con el todo y con lo que se tiene enfrente; creo que la “iluminación” en el fondo es el despertar a la vida cotidiana.

También creo que caminar de manera consciente, además de ser un placer puede ser un acto de meditación.

Cuando camino conscientemente, a veces llego a la conclusión que las mejores vacaciones están en tus movimientos.

LA VIDA MÁS ALLÁ DE LOS TITULARES

Vivimos una era de las “fast news” una cultura que está ávida de titulares, con poca reflexión a profundidad, el lector de noticias sabe todas las respuestas a los problemas del mundo y se forja una opinión en segundos...lamentablemente la mayoría de los titulares son tragedias, corrupción, etc. sin embargo la mayor parte de las actividades humanas, las cotidianas, las que nos unen, las que nos humanizan no son titulares, y son mayoría: los millones de padres que cuidan de sus hijos son una buena noticia, las millones de personas que a pesar de los tiempos que vivimos están evolucionando.


A diario en pequeñas ciudades y pueblos, se presenta un buen libro que quizás no llegue a best seller pero que sin embargo ordena el caos de los lectores, les humaniza.


En muchos lugares de la tierra hay seres humanos que siguen cantando, sin la pretensión de ser parte de un programa de televisión, y lo hacen maravillosamente; a diario, de servidores de seres humanos (profesores, médicos, enfermeras, trabajadores sociales, periodistas, etc.) están al lado de otros seres humanos que buscan su camino, una búsqueda muchas veces difícil, pero tienen la suerte de que alguien está a su lado para limpiar sus heridas, para decirle la palabra que necesitan, para estimular lo que haga falta de sus recursos y puedan seguir caminando.


Los campesinos que hoy por hoy son una reliquia de las actividades humanas, nos siguen dando de comer, hay muchos seres humanos dispuestos a darle la mano a otro, mi optimismo no es solo filosófico al estilo de Leibnitz, tengo noticias de muchos seres humanos cuyos pasos por este mundo nos podrían alegrar a todos.


Pasan muchísimas cosas buenas entre los seres humanos, que no son titulares, pero que nos humanizan.

viernes, 19 de agosto de 2016

HABLANDO DE FOTOGRAFÍA

Susan Sontag, escribió hace ya 30 años una obra que es considerada fundamental –y para algunos la mejor- sobre fotografía. Interesante, pues Susan Sontag no es fotógrafa, cierto es que fue pareja desde los 80 de la reconocida fotógrafa Annie Leibovitz. Es la premisa básica para mis posteriores reflexiones sobre la fotografía.

Según Susan Sontag –en su artículo “la Estética del silencio”, cada época debe reinventar para si misma el proyecto de espiritualidad, es decir ideas, terminología, normas de conducta, actividades, etc encaminadas a resolver las dolorosas contradicciones estructurales inherentes a la situación humana.

Hace tiempo que el arte es parte esencial de la espiritualidad moderna la pregunta resultante es cuestionarse si el arte puede no solamente ejercer de vehículo espiritual para ese misterio que llamamos ser humano, sino además una herramienta para aliviarle del sufrimiento.

Nosotros hoy podemos alegrarnos del arte de la fotografía ¡Amamos la fotografía!, es una de las mejores defensas contra el inexorable paso del tiempo, es una metáfora de nuestro fatalismo de persistencia.

Nuestras fotografías hablan del escenario que hemos elegido para eternizar nuestra realidad, o quizás uno de los vehículos para dialogar con lo perenne. Es asimismo, la constatación de que hay una salida a la caverna platónica y su mundo de sombras.

Delante de una cámara sonreímos, evidenciamos nuestra seriedad, a veces nuestra excentricidad; pero sobre todo descubrimos muchas veces un atisbo del soplo vital que llevamos dentro.

Mediante la fotografía vamos conociendo poco a poco nuestra peculiar relación con la luz, pues es un milagro que un fenómeno físico que en el fondo son infinitas combinaciones de luz emancipen de nuestro interior emociones y sensaciones.

Con la fotografía le vamos robando su intimidad al mundo... y también a las personas.

Existe una frase del pueblo mexicano que reza: “El retrato es pa’ tus ojos, el original pa’ ti”. Ateniéndonos a la semántica mediante la cual las imágenes son un intento de captar la eternidad, y los ojos el espejo del alma, podríamos decir que la imagen pertenece al mundo arquetípico de lo eterno, y al mismo tiempo un placer para nuestra vista.

EQUILIBRIO ENTRE DAR Y TOMAR

Casi todas las relaciones humanas requieren un equilibrio entre dar y recibir para que puedan seguir adelante. Cuando este equilibrio se rompe la relación se acaba. En una pareja, si una parte da mucho, la otra se retira, es uno de los principios relacionales que poca gente conoce.
Conocí el caso de una mujer quien literalmente le salvó la vida a su marido, los cuidados que le proporcionó en el hospital fueron exclusivos y excesivos, al salir le compró un coche automático para que se pudiera mover, etc. A los seis meses, este hombre se enamoró como un adolescente de su secretaria y dejó a la mujer. Una mirada superficial juzgaría moralmente al hombre, una mirada profunda se percataría que se había creado un desnivel tan grande que a aquel hombre no le quedaba otra opción más que marcharse, por más esfuerzos que hiciera, nunca estaría al nivel de su mujer.
En la amistad, el equilibrio es más sutil, tenemos una agenda tan cargada que muchas veces la distancia, los prudentes silencios, el saber aguantar la agenda del otro, colaboran para que la amistad se preserve; por eso en general, con los buenos amigos, pasa el tiempo y en cada encuentro disfrutamos y nos sorprendemos de que la relación esté tan viva, está viva, gracias a que ha habido un equilibrio entre dar y recibir, entre el silencio y el respeto cuando la geografía o las circunstancias personales se imponen.
Este equilibrio entre dar y recibir a veces es matemático y a veces no, a veces es en intención: tu amigo o pareja te manifiesta cariño cocinando para ti y tu haces otras cosas que a ella / el no se le dan bien. TENEMOS BUENOS AMIGOS Y BUENAS PAREJAS GRACIAS AL PRINCIPIO BÁSICO DEL EQUILIBRIO ENTRE DAR Y RECIBIR. 
Pero hay relaciones que no se sujetan a esta ley: Padres e hijos, profesores y alumnos, médicos y pacientes, etc.
Un hijo nunca podrá devolver lo que ha recibido de sus padres: la vida, un alumno no le puede devolver los conocimientos al profesor, como tampoco un paciente puede devolver la salud conseguida al médico. Son regalos que solo se pueden transmitir.
Transmitimos lo que hemos recibido bien sea a nuestros hijos o bien sirviendo a aquellos que nos necesitan. Siempre he pensado que las personas que tienen hijos con que lo hayan hecho más o menos correctamente ya han cumplido con lo más importante del SER VIVO: transmitir lo que hemos recibido. Las personas sin hijos aún teniendo una vida más cómoda y logísticamente menos complicada, podría ser que a un nivel ontológico tengamos más dificultades para estar plenos, pues tenemos que buscar la manera de transmitir todo lo que la vida nos da, y no siempre estamos despiertos para hacerlo, o no sabemos como.Hoy quiero pensar en los maestros, yo no podría tener esta vida digna que tengo sin la maestra que me enseñó a leer y a escribir, pienso en otra maestra que tuvo mucha paciencia con mi hiperactividad, en otra que me aguantó tres años, en un maestro que confió en mi y me llevó a un concurso de conocimientos cuando tenía 11 años y gracias a ello conocí la ciudad de México y al presidente de mi país. Vivo agradecido sobre todo a mi padre, quien fue un niño humilde que llegó a ser profesor rural y en los últimos días de su vida fue el encargado de la educación básica de su tierra.Hemos recibido mucho de nuestros padres, de nuestro país, de la ciudad que nos ha acogido, de nuestros amigos que han sido la metáfora de la alegría, hemos recibido de los médicos, de la vida en general, es el momento de ser agradecidos y transmitir todo lo que hemos recibido.
El de la extrema izquierda que mira al entonces 
presidente de México, soy yo.

lunes, 18 de julio de 2016

LOST, JAMES JOYCE Y EL OSO POLAR

Tengo la convicción de que cuando los seres humanos nos planteamos los asuntos triviales y vitales como un debate, tenemos más opciones y nos enriquecemos más que si nos lo planteamos como un dilema: Los debates te dan opciones, los dilemas te dejan sin salida. Esto aplicado a la cultura me hace pensar que la dicotomía: lectura contra la televisión es innecesaria, pienso que dificilmente en la actualidad un hombre culto se pueda jactar de no ver la televisión, aunque es verdad que mucha gente que solo ve televisión difícilmente se acerca a un libro.

Suelo preguntar con frecuencia a mis amigos si han leído “El Quijote”, muchos responden que no, y les felicito, porque hay una prueba fehaciente de que la vida todavía tiene cosas para sorprenderles, siempre explico a mis amigos la anécdota de aquel chico que vino a Barcelona a suicidarse, pero antes quería leer el Quijote... le sucedió lo mismo que le sucedió al Quijote en Barcelona: recuperó la razón.

Hay cientos de libros y miles de experiencias que esta vida tiene preparadas para muchos de nosotros y quizás no estemos dispuestos a perdérnoslas, por poner un ejemplo: ULISES ese libro considerado como la mejor novela del siglo XX, La pluma de James Joyce hizo mundialmente famoso al personaje “Leopoldo Bloom” cuando lo sacó a caminar por las calles de Dublín el 16 de junio de 1904. Un libro difícil de clasificar pues lo mismo contiene la veta de la literatura griega y la judía; la asociación libre del psicoanálisis, el vitalismo filosófico del que mucho había bebido Joyce. “Un libro que se procede a la destrucción del mundo” según palabras de Jung. Ulises cumple casi 100 años y una vigencia que puede sorprender a cualquiera.

Soy un hombre que desde la adolescencia me decanté por la literatura, en detrimento de la televisión, prácticamente no he visto televisión en mi vida, lo cual no me convierte en mejor persona que los que si han visto, simplemente no he visto y punto. O no había visto, porque hace unos años me dejaron la serie LOST y estuve totalmente cautivado por sus personajes en detrimento de la literatura, pues durante cuatro semanas que solo leía cuestiones profesionales o académicas.

No pienso hacer ningún “spoiler” a los que no han visto aún la serie, pero durante más de 20 años soñé que un avión se estrellaba y yo sobrevivía... yo no sabía que así era el inicio de LOST. Fue muy impactante para mi, amén de que los personajes están muy bien cuidados, hay ratos en los que pareciera que fuese el mismísimo Vasili Grossman el que nos estuviera narrando las relaciones entre los personajes, tiene una estética magnífica, los misterios están muy bien logrados, los personajes son muy humanos, pueden traicionarse, solidarizarse, unirse, perder la esperanza, etc, las múltiples referencias a la literatura, algunos títulos de los capítulos con nombres bíblicos o en latín, el sacerdote que se llama Sr. Eko, como una metáfora del hombre que busca a Dios y quizás solo encuentra un “Eco” de sus anhelos y que encima va arreglando sus asuntos terrenales con un garrote en la mano... los guionistas se han dado tiempo para abordar temas candentes como la eutanasia, la adopción, la paternidad, la pareja, la ética del transplante... muchos temas de los cuales salen o bien con una respuesta convincente o bien con una solución salomónica. Tengo mis críticas por supuesto, se golpean por la nada, se lesionan a cada momento y siguen como si nada, pero me imagino que hay gente que necesita un poco de “acción” para dejarse seducir.

¿Y el oso polar de LOST?, es un asunto sencillo para mi, los osos polares NO SON BLANCOS, son negros, con un pelaje transparente que los hacen blancos para nuestros ojos, la realidad sigue siendo invisible para nustros ojos. Lost se desarrolla en realidades paralelas de manera constante, eso quiero pensar respecto del oso incomprensible para todos.

Cuatro semanas que mis manos no cogieron un libro de esos que se leen solo por placer no para aprender, de esos que te permiten disfrutar con el lenguaje mismo, que te explican una historia, que ordenan el caos... ha pasado el tiempo y he aprendido a dosificar televisión y literatura.

viernes, 15 de julio de 2016

MIENTRAS AGONIZO

En Mientras Agonizo, William Faulkner relata la odisea de la familia Bundren. A través de diálogos interiores nos introduce en las mentes de esta familia, que construye un ataúd para llevar el cuerpo de su moribunda madre (Addie) desde su casa en las montañas hasta las tierras bajas donde estuvo su cuna. Darl lo relata todo con la claridad de una mente despierta. Cash construye en silencio el ataúd a golpes de azuela con la mirada de conformidad de su madre a través de la ventana. Dewey soporta en sus entrañas los frutos del pecado. Vernom confunde en sus tormentas imaginarias (los cero y el síndrome de Down) los árboles con pájaros calurosos… y el marido sólo piensa en encontrar a otra mujer y renovar su dentadura. Así transcurre la agonía de Addie… orgullosa de reunir a su familia en un viaje tétrico a los confines de los muertos con la contundencia de un martillo sobre una madera de pino.

Este es solo un extracto del largo discurso que alguien tuvo que escuchar después de su comentario “¡cuanto libro!”, me gustó mucho su interés por revisar todos los títulos que había en las estanterías, me preguntaba por autores, me pedía recomendaciones, suplicaba que le enseñara todos los rincones donde guardaba libros, y se interesó especialmente por “Mientras agonizo” porque estaba en la mesita de noche, porque es pequeñito...

Agonizar es reconocer la crueldad del tiempo, la sinceridad de la muerte, la terrible invariabilidad del infinito.

FOTO: Mi casa de niño. Faulkner hubiera escrito algo al respecto seguro

lunes, 11 de julio de 2016

WALT WITHMAN PARA UN MORIBUNDO

Hace unos años nos enteramos de la muerte de Daniel Martínez Mateo, de 35 años, murió diagnosticado de Esclerosis Lateral Amiotrófica, y en su momento fue una de las noticias más vistas por encima de los asuntos del fútbol, y es que su relato fue trágico y conmovedor. Decidió morir sedado consciente de que no había curación posible y que el deterioro lo llevaría a la respiración asistida y a la alimentación artificial.

No pretendo centrar mi reflexión sobre su persona, porque creo que la muerte es un hecho íntimo sobre el cual cualquier opinión sonaría vulgar -por muy teñida de filosofía que estuviera-, sin embargo me atrevo a recuperar algunas palabras suyas tomadas del vídeo que dejó, una frase –refiriéndose a la vida- donde dice que le es difícil soportar la vida a cada momento, que la enfermedad lo ha hecho humilde para darse cuenta que no somos más que esa flor o la hoja que mantienen la vida.

Mientras me enteraba de la noticia paseaba por unos bosques bellos y floridos en el pirineo francés. Estaba en sintonía con Daniel al mismo tiempo que con las flores del bosque. Era imposible no sentirse unido a ese misterio llamado vida, esa fuerza que es capaz de penetrar la materia y hacerse una casa con ella, para que la podamos llamar luego: flor, niño, árbol... Es por eso que las palabras lúcidas de Daniel en las postrimerías de su existencia calaron hondo en mi, por el sincronismo reflexivo: unas flores nos hacían reflexionar a ambos en la superioridad de la vida respecto del ser humano.

Todos sabemos que nuestros días sobre la tierra no son eternos y que tenemos una cita ineludible con la muerte, pero el hecho de que lo dictamine un médico puede convertirse en una verdadera tragedia. Los que tienen una sentencia en forma de diagnóstico clínico, un cáncer incurable por ejemplo, a veces tienen una discreta ventaja por el hecho de que pueden estar presentes totalmente para su vida que se acorta, la mayoría de las veces ya no les queda fuerza prácticamente para nada.


Es una tragedia ver a personas ya -casi- muertas, con ganas de morir -dejar de sufrir- y sin querer morirse -con ganas de vivir-.
 

Vivir es un arte que se teje de manera muy sutil, poder estar vivo hasta el último día de nuestra vida, es una valentía y en algunos casos un privilegio.

Daniel murió sedado mientras le leían “Canto a mi mismo” de Walt Withman, entre otros poemas elegidos por él, quiero imaginar el paso de Daniel a esa otra cara de la vida que desconocemos -y a la cual se transita por medio de la muerte-, con ese otro poema de Withman: LLENO DE VIDA AHORA, y espero que al vernos sonría mientras comprueba que efectivamente “No somos superiores a esa flor o a esas hojas donde la vida se sostiene”.