lunes, 16 de mayo de 2011

SIDEWAYS


Quiero que me vuelvan a bautizar pero con pinot noir.

Pinot Noir es temperamental, madura pronto, no crece en cualquier parte como la cabernet sauvignon, necesita cuidados constantes y especiales, pero a cambio te da experiencias sobrecogedoras, brillantes, emocionantes y sutiles.

sábado, 14 de mayo de 2011

SEMANA LITERARIA


ALLEN GINSBERG
EDMUND WHITE
STEPHEN CRANE
Siempre he sido un apasionado lector, temporadas más, temporadas menos. La anécdota de que me caía por la calle o me tropezaba con la gente por ir leyendo cuando era adolescente, es un mito familiar alimentado y exacerbado por alguna anécdota real.
Ha habido temporadas en las que la literatura ha sido la única justificación de mi paso por esta tierra.
Pues bien, esta semana ha sido una semana cuyo epicentro ha sido la literatura, y ayer, al terminar un libro –“Hotel de Dream” de Edmund White- me emocioné experimentando una especie de nostalgia por haber estado viviendo dentro del libro unos días y tener que salir, pues por mucho que esa novela ya sea uno de mis universos paralelos, mi propia novela es la que realmente me pertenece.
La semana empezó con la película “Howl”, habla del juicio al editor de Ginsberg por “distribución de pornografía” con el poema que da nombre a la película. La primera lectura del poema en San Francisco, el juicio y una entrevista personal a Ginsberg (bordado por el camaleónico James Franco), podrían haber conseguido un biopic documental que rompiera los moldes, pero la innecesaria repetición de algunas estrofas del poema y la inclusión de animaciones que no acaban de encajar, permiten entender como es que no tuvo gran eco la película, aún cuando hablaba de ese genio – para muchos- de Ginsberg.
Volviendo a HOTEL DE DREAM, El protagonista de esta bellísima novela de Edmund White es Stephen Crane, clásico de la literatura norteamericana, quien murió a los 28 años de tuberculosis. White narra los últimos días de Crane cuando enfermo de tuberculosis le dicta a su mujer un relato sobre la obsesión de un banquero por un chico de quince años en el Manhattan finisecular.
Edmund White consigue un relato conmovedor y aun siendo ficticio – pues solo hay pequeños indicios de que Stephen Crane habló sobre ese chico alguna vez con su editor, nada más-, consigue que podamos entender el apasionamiento de Stepen Crane, su facilidad para transformar lo cotidiano de Nueva York en relatos bellísimos, para encontrar belleza incluso en personajes patéticos, tanto que pensaba titular uno de sus libros “Flores del asfalto”.
Disfruté desde la primera línea, contuve la respiración con un Stephen Crane muriendo exhausto de toser, agotado por la fiebre, aniquilado por el dolor. Estuve ansioso como su esposa preguntándome por el destino de cada uno de los personajes del relato “Del chico pintado”, pues es otra de las virtudes de este libro, de alguna manera introduce a los escritores imberbes en la belleza y dificultad del proceso creativo.

domingo, 8 de mayo de 2011

FELIZ CUMPLEAÑOS QUERIDA HERMANA


A Pelancho le gustaba asustar a la niña a la orilla del pozo, se sujetaba de la viga que sostenía la polea mientras gritaba “me caigo”, “me caigo”... la pobre niña gritaba y lloraba: “Pelancho se ahogaría en el pozo del agua zarca”. Luego Pelancho saltaba hacia fuera del pozo como si fuera un orangután y comenzaba a reírse a carcajadas, mientras la niña bonita y despeinada sujetaba con fuerza su muñeca de trapo hecha con medias viejas y corría rumbo a su casa.

Una docena de Sauces sobrevivían a la orilla del pozo, alimentados en aquel desértico paraje como los lugareños, por esas débiles corrientes subterráneas, o quizás realmente había un milagro más subterráneo que el agua, y me imagino que sauces y viento se confabulaban para consolar a la niña, y la niña a su vez otorgaba el consuelo a la “tuza loca” su querida muñeca vieja.

A la niña le gustaba comer caramelos a la orilla del pozo, mientras las señoras llenaban sus vasijas de agua zarca y chismorreaban sobre los “urquiceses” y los “almaraceses”, que no dejaban de pelearse entre ellos; mientras hablaban se cubrían el rostro de manera peculiar con el rebozo, como si escondiendo medio rostro, escondieran también las palabras.

Lo cierto es que un día, mientras su madre lavaba a la orilla del pozo, cayó la niña en el agua zarca, y a veces me pregunto ¿qué la hizo estar tan tranquila para que fuera fácil rescatarla? Preguntaré a su madre, preguntaré al viento, porque tengo la sospecha que en la memoria de la niña, hay un pequeño desierto.

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FELIZ CUMPLEAÑOS

jueves, 5 de mayo de 2011

EVOLUCIONAR



El país publicaba recientemente un artículo de Borja Vilaseca afirmando que las casualidades no existen, y destacaba una frase de Gregory Norris-Cernetto: “El caos es el orden que todavía no comprendemos”, también reflexionaba ampliamente sobre la inutilidad de preguntarse de manera constante respecto al “Por que” de las cosas, e invitaba a preguntarnos más bien, ¿Para qué? Ocurren las cosas.
Hago este mini resumen del artículo porque estoy totalmente de acuerdo, tengo la creencia de que hay un orden que nos es desconocido, no se puede demostrar, al menos no del todo, pues físicos de una y otra línea mantienen querellas similares a las que sostenían los escolásticos en la edad media, por el momento, pensar que hay un “orden” en todo lo que llamamos realidad, quedará en el apartado de nuestras creencias.
He afirmado recientemente que estoy convencido de que se aprende mucho más con la felicidad que con el sufrimiento, pero debes estar despierto y atento; porque si estás dormido entonces vendrá el dolor a despertarte y enseñarte. Pero cuando llega el dolor como una sombra inevitable, como cuando llega la noche sobre la tierra sin que esta pueda defenderse, entonces resulta más práctico dejar de preguntarse el ¿porqué? De las cosas, y dar un paso adelante intentando mirar el ¿para qué?, El ¿porqué? Nos hace narcisistas, el ¿para qué? Nos hace responsables, pues nos invita a mirar las circunstancias adversas como una oportunidad de aprendizaje, de cambio, de evolución.

jueves, 21 de abril de 2011

OCTAVIO PAZ



(o como un intelectual te puede enamorar)

A 13 años de su muerte.

Octavio Paz fue enviado como agregado cultural a la recién inaugurada embajada de México en la India, año 1951,cuyo embajador era el ex presidente mexicano Emilio Portes Gil. Era una especie de castigo para Octavio Paz por sus manifestaciones en las celebraciones republicanas de los Españoles en Paris.

Curiosa “represalia” cuando México fue de los pocos países del mundo que rompió relaciones diplomáticas con la dictadura de Franco, pero ateniéndose a la doctrina “Estrada” prefería que sus representantes no tuviesen ningún atisbo militante, y Octavio Paz era ¡militante!, en las últimas décadas más militante de las letras, rasgo que le mereció el calificativo de “Un mexicano universal”.

Años después –hubo un paréntesis Japonés-, regresa como embajador de México en la India. Condición que a cualquier Mexicano ilustrado le llenaría de orgullo, pues aún sin conocernos, los Hindúes y los Mexicanos tenemos muchas cosas en común. Y ni ellos ni nosotros lo sabemos. Ya lo he escrito otras veces, un colombiano y un mexicano tienen más en común que un Español y un Inglés, y sin embargo la pobreza como sustrato impide el acercamiento. También se ha de decir que la sociedad moderna europea con toda su civilización ha convertido al ser humano en una masa homogénea, en palabras de Paz “Todo mundo parece salido de una fábrica y no de una matriz, podemos ver la uniformidad y no la igualdad, y han hecho un solitario en cada individuo”.

Octavio Paz es, desde mi punto de vista, el mejor puente que puede haber entre México y la India, más allá de la comida picante, de los desiertos y los bosques, de la religiosidad popular, etc. Comentaré una anécdota trágica: Los Ingleses dominaron la India gracias a un motín en 1857, que estalló con el rumor de que un nuevo rifle había sido engrasado con grasa de vaca, pecado abominable para los hindúes, o de cerdo, alimento impuro para los musulmanes. Rumor extendido, claro está, por los Ingleses. En México la conquista fue posible –entre otras causas- a la religiosidad que esperaba el regreso de Quetzalcoátl, al temor de los hombres-caballo (los aztecas no conocían los caballos), a las luchas internas y curiosamente a las enfermedades, pues los Europeos llevaron más “enfermedades epidémicas” a las que importaron. Ambas conquistas del todo inverosímiles y surrealistas.

Intelectual y sencillo a la vez. Leyendo Octavio Paz (especialmente en “El laberinto de la soledad”), es inevitable no remontarse al léxico supremo de Borges (que tanto gusta a otro mexicano: Sergio Pitol), a su sintaxis contundente. Sin embargo son muchos los que han dejado un libro de Borges a medias por no llegar a un mínimo de comprensión, del todo alejado del ciudadano de la calle. En cambio sorprende leer a un Octavio Paz que es amable con el entendimiento sin dejar de ser profundo y serio.

Sabio y humano. También comprometido, con sus acciones y con sus letras. No olvidemos que protestó con su renuncia a la embajada de México en India, cuando ocurrió la matanza (es la mejor palabra) de Tlaltelolco en 1968. En 1937 decide ejercer de profesor rural en Yucatán, posteriormente se traslada a España para apoyar al bando republicano, reside en Madrid y publica poemas como "Perfil del Hombre" y "No pasarán".

Leyendo datos biográficos es fácil acompañarlo en el tren del primer tercio del siglo XX rumbo a los Estados Unidos, siendo un niño, cobijado por las ansiedades de su madre, queriendo reunirse con su padre, exiliado político (favorable y cercano a Emiliano Zapata). Curiosamente después del levantamiento Zapatista (encabezado por Marcos), fue atacado duramente por sus iniciales palabras: "En varias ocasiones -dice Octavio Paz- he señalado la vaguedad (¿voluntaria?) de las demandas del Comité Clandestino Revolucionario: ¿qué quiere decir con las palabras justicia, libertad, democracia, dignidad? Piden un cambio, pero su voluntad de cambio se resuelve en una interrogación. ¿En qué consiste ese cambio y cuáles serían sus metas?".

Confieso que como participante en la caravana “Para todos todo” de la navidad de 1996, me sorprendían mucho las palabras de Paz, me confundía que no diese un apoyo decidido al movimiento encabezado por Marcos, el tiempo le ha dado la razón a Octavio Paz, y yo por mi parte, alegremente volvería a estar ejerciendo de médico en medio de la selva lacandona.

Octavio Paz, el hombre que ama a México sin afectación. Un hombre valiente y “enternecedor” a la vez, que a la mitad de un ensayo profundo, habla sin sonrojo de la mujer con la que compartió la mayor parte de su vida, Marie Jose: “Yo me buscaba a mi mismo y en esa búsqueda encontré a mi complemento contradictorio, a ese que se vuelve yo, las dos sílabas de la palabra tuyo “ Encontrar este guiño al amor en su libro “Vislumbres de la India” es una especie de bálsamo, una sacudida a la razón.

No había leído “vislumbres de la India” y ha sido una agradable sorpresa, una visión occidental respetuosa y sabia sobre ese gran País de castas. A pesar de que me gano la vida haciendo cosas “diferentes”, me provocan un cierto escozor todos los “buscadores” , especialmente los buscadores de “gurús” ¡En la India!. Lo matizo: cuando esas búsquedas surgen de lo más genuino del corazón humano, las miro con respeto. Cuando vienen de una arrogancia sutil (muy sutil a veces) las pongo en entredicho.

Creo que volveré a leer “El laberinto de la soledad” para ver si puedo entender que cosa es eso de ser “Mexicano”, por el momento sigo en éxtasis repitiendo sin cesar dos líneas de un poema que hicieron Octavio Paz y dos amigos suyos hindúes:

VIVIMOS ENTRE OLVIDO Y MEMORIA: ESTE INSTANTE ES UNA ISLA COMBATIDA POR EL TIEMPO INCESANTE.

lunes, 11 de abril de 2011

LA VIDA DE LOS PECES


“La vida de los peces” es una película no apta para nostálgicos incorregibles, no la vea si usted corre peligro de infartarse mediante la nostalgia, véala si quiere comprobar que es la película que merecía el oscar a mejor película extranjera. una muy agradable sorpresa.

La película transcurre en tiempo real, ochenta minutos en donde el protagonista vuelve después de diez años desde Alemania a su natal Chile. No se puede decir que sea una película sobre Chilenos, diría yo que ni siquiera sobre emigración, pues aunque cualquier emigrante se podría sentir perfectamente reflejado en la película, la historia es más bien una película sobre la nostalgia en general, una película que te recuerda que muchos espacios, lugares, personas y vínculos se han perdido para siempre y que puedes sentirte extraño en tu propia vida, una nostalgia que roza la belleza pero también la crueldad, somos apenas este puñado de instantes de los que somos conscientes, de nada más, y Matías Bize consigue poner en imágenes ese carácter efímero de la vida humana, tan intensa, tan apasionada y al mismo tiempo tan fugaz. El hecho de sentirte extraño en tu propio país, no es más que una metáfora de que en el fondo aquel puñado de recuerdos que construyeron tu existencia no existen mas, doloroso, sobre todo si te planteas como lo hacen sutilmente los protagonistas, ¿qué hubiera pasado si tu vida hubiese tenido otros derroteros?

Le dieron el oscar a “En un mundo mejor”, que a mi particularmente me dejó indiferente, dejaron fuera esta bella película, quizás por es latinoamericana, quizás porque habla de un mundo imperfecto.

jueves, 7 de abril de 2011

UN PUENTE SOBRE EL DRINA


Apenas si le conozco y ya lo considero parte de mi inventario espiritual, de las riquezas que ayudan a que esto que llamamos vida tenga sentido: Ivo Andric, a quien he conocido por su libro: “Un puente sobre el Drina”.

Desde el inicio del libro se intuye que el puente es la metáfora protagonista que une no solo las orillas de un río, también une las vicisitudes de varios pueblos y varias culturas que históricamente han confluido en las riberas de Drina.

La prosa de Ivo Andric, además de ser una constante fuente de frases reflexivas sobre muchos asuntos humanos, es una declaración amoroso por la belleza de la naturaleza de su país, la fuerza de su relato te introduce en episodios terribles, violentos, trágicos, tal como es la vida humana, contrarrestados inmediatamente por una descripción inefable de las nubes sobre el puente, por las incontables veces que habla de la luz, de los bosques y del agua del río. De especial impacto para mi, han sido las narraciones bucólicas sobre las actividades de los pobladores cercanos al río, las actividades de los labriegos, los juegos de los niños, las discusiones de los adultos sobre el puente, etc. son actividades sencillas dotadas de una huella perenne gracias a la pluma de Andric.

Es muy interesante pensar como Ivo Andric, murió antes de la guerra de los Balcanes, pero gracias a su obra se podría prever y explicar, la razón quizás sea que los odios y vicisitudes de esas tierras son rieles que rigen la historia por encima de las voluntades humanas. Pues aunque el libro empieza con la construcción del puente a finales del siglo XVI, bien podría haber iniciado un relato el día en que, en 1389, los serbios fueron derrotados en la batalla de Kosovo, por los otomanos, o cualquiera otra de las muchas citas históricas donde se cruzas esas inescrutables y fascinantes culturas.

Andric fue un hombre cosmopolita. Su obra literaria, a pesar de todo, es una continua reflexión en torno a las visicitudes y complejidades de su atormentado país, que describe con una belleza y una fuerza magistrales, pero también con un amor que brota espontáneo en cada párrafo.

Muy recomendable

FOTO: Ivo Andric en Višegrad