jueves, 21 de abril de 2011

OCTAVIO PAZ



(o como un intelectual te puede enamorar)

A 13 años de su muerte.

Octavio Paz fue enviado como agregado cultural a la recién inaugurada embajada de México en la India, año 1951,cuyo embajador era el ex presidente mexicano Emilio Portes Gil. Era una especie de castigo para Octavio Paz por sus manifestaciones en las celebraciones republicanas de los Españoles en Paris.

Curiosa “represalia” cuando México fue de los pocos países del mundo que rompió relaciones diplomáticas con la dictadura de Franco, pero ateniéndose a la doctrina “Estrada” prefería que sus representantes no tuviesen ningún atisbo militante, y Octavio Paz era ¡militante!, en las últimas décadas más militante de las letras, rasgo que le mereció el calificativo de “Un mexicano universal”.

Años después –hubo un paréntesis Japonés-, regresa como embajador de México en la India. Condición que a cualquier Mexicano ilustrado le llenaría de orgullo, pues aún sin conocernos, los Hindúes y los Mexicanos tenemos muchas cosas en común. Y ni ellos ni nosotros lo sabemos. Ya lo he escrito otras veces, un colombiano y un mexicano tienen más en común que un Español y un Inglés, y sin embargo la pobreza como sustrato impide el acercamiento. También se ha de decir que la sociedad moderna europea con toda su civilización ha convertido al ser humano en una masa homogénea, en palabras de Paz “Todo mundo parece salido de una fábrica y no de una matriz, podemos ver la uniformidad y no la igualdad, y han hecho un solitario en cada individuo”.

Octavio Paz es, desde mi punto de vista, el mejor puente que puede haber entre México y la India, más allá de la comida picante, de los desiertos y los bosques, de la religiosidad popular, etc. Comentaré una anécdota trágica: Los Ingleses dominaron la India gracias a un motín en 1857, que estalló con el rumor de que un nuevo rifle había sido engrasado con grasa de vaca, pecado abominable para los hindúes, o de cerdo, alimento impuro para los musulmanes. Rumor extendido, claro está, por los Ingleses. En México la conquista fue posible –entre otras causas- a la religiosidad que esperaba el regreso de Quetzalcoátl, al temor de los hombres-caballo (los aztecas no conocían los caballos), a las luchas internas y curiosamente a las enfermedades, pues los Europeos llevaron más “enfermedades epidémicas” a las que importaron. Ambas conquistas del todo inverosímiles y surrealistas.

Intelectual y sencillo a la vez. Leyendo Octavio Paz (especialmente en “El laberinto de la soledad”), es inevitable no remontarse al léxico supremo de Borges (que tanto gusta a otro mexicano: Sergio Pitol), a su sintaxis contundente. Sin embargo son muchos los que han dejado un libro de Borges a medias por no llegar a un mínimo de comprensión, del todo alejado del ciudadano de la calle. En cambio sorprende leer a un Octavio Paz que es amable con el entendimiento sin dejar de ser profundo y serio.

Sabio y humano. También comprometido, con sus acciones y con sus letras. No olvidemos que protestó con su renuncia a la embajada de México en India, cuando ocurrió la matanza (es la mejor palabra) de Tlaltelolco en 1968. En 1937 decide ejercer de profesor rural en Yucatán, posteriormente se traslada a España para apoyar al bando republicano, reside en Madrid y publica poemas como "Perfil del Hombre" y "No pasarán".

Leyendo datos biográficos es fácil acompañarlo en el tren del primer tercio del siglo XX rumbo a los Estados Unidos, siendo un niño, cobijado por las ansiedades de su madre, queriendo reunirse con su padre, exiliado político (favorable y cercano a Emiliano Zapata). Curiosamente después del levantamiento Zapatista (encabezado por Marcos), fue atacado duramente por sus iniciales palabras: "En varias ocasiones -dice Octavio Paz- he señalado la vaguedad (¿voluntaria?) de las demandas del Comité Clandestino Revolucionario: ¿qué quiere decir con las palabras justicia, libertad, democracia, dignidad? Piden un cambio, pero su voluntad de cambio se resuelve en una interrogación. ¿En qué consiste ese cambio y cuáles serían sus metas?".

Confieso que como participante en la caravana “Para todos todo” de la navidad de 1996, me sorprendían mucho las palabras de Paz, me confundía que no diese un apoyo decidido al movimiento encabezado por Marcos, el tiempo le ha dado la razón a Octavio Paz, y yo por mi parte, alegremente volvería a estar ejerciendo de médico en medio de la selva lacandona.

Octavio Paz, el hombre que ama a México sin afectación. Un hombre valiente y “enternecedor” a la vez, que a la mitad de un ensayo profundo, habla sin sonrojo de la mujer con la que compartió la mayor parte de su vida, Marie Jose: “Yo me buscaba a mi mismo y en esa búsqueda encontré a mi complemento contradictorio, a ese que se vuelve yo, las dos sílabas de la palabra tuyo “ Encontrar este guiño al amor en su libro “Vislumbres de la India” es una especie de bálsamo, una sacudida a la razón.

No había leído “vislumbres de la India” y ha sido una agradable sorpresa, una visión occidental respetuosa y sabia sobre ese gran País de castas. A pesar de que me gano la vida haciendo cosas “diferentes”, me provocan un cierto escozor todos los “buscadores” , especialmente los buscadores de “gurús” ¡En la India!. Lo matizo: cuando esas búsquedas surgen de lo más genuino del corazón humano, las miro con respeto. Cuando vienen de una arrogancia sutil (muy sutil a veces) las pongo en entredicho.

Creo que volveré a leer “El laberinto de la soledad” para ver si puedo entender que cosa es eso de ser “Mexicano”, por el momento sigo en éxtasis repitiendo sin cesar dos líneas de un poema que hicieron Octavio Paz y dos amigos suyos hindúes:

VIVIMOS ENTRE OLVIDO Y MEMORIA: ESTE INSTANTE ES UNA ISLA COMBATIDA POR EL TIEMPO INCESANTE.

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