El trabajo ocasiona estrés, sobre todo cuando no hay. Lo leí
en la iglesia del Pí de Barcelona hace muchos años.
Charles Bukowski decía, sin embargo, que cualquiera puede
tener un trabajo, pero vivir sin trabajar es cosa de sabios. Parodiando su
frase, podríamos decir cualquiera con un poco de suerte y esfuerzo puede conseguir
posesiones y tener cosas; sin embargo, “vivir bien” sin tantas posesiones es un
arte.
Si tu tienes una hectárea, te posee una hectárea; si posees
cien hectáreas, te poseen cien hectáreas; si tienes mil dólares, mil dólares
son dueños de ti; si tienes un millón de dólares, te posee un millón de
dólares. Los lunes por la mañana muchos quisiéramos que nos poseyera un millón
de dólares para no ir a trabajar.
El tema de las posesiones vale también para las relaciones: la
amistad o la pareja no son una posesión, son una maravillosa oportunidad de compartir
este fascinante viaje.
¿Por qué queremos poseer?, porque experimentamos la escasez;
escasez de dinero, de tiempo, de sueño, de amistades, de amor, de experiencias,
etc. y es natural que tengamos ganas de “TENER” capacidad de consumo, experiencias
interesantes, tiempo libre, amistades entrañables, una economía solvente, etc. Lo paradójico es que cuando nos planteamos
una mejoría de nuestra vida desde la escasez, el resultado es la escasez;
decisiones tomadas desde la precariedad, sólo nos dan resultados precarios. Por
ejemplo, si tu quieres una casa más grande “Porque ya no cabes”, quieres dormir
mejor “porque no puedes más”, quieres tiempo libre “porque vas al límite”, etc.
muy seguramente lo que ocurrirá es que no lo conseguirás, y si lo consigues aumentarán
tus necesidades. Las personas que son prósperas y libres, (hay muchas personas
con gran capacidad de consumo y con muchas posesiones que no son libres), se
plantean su prosperidad porque se lo merecen, porque quieren embellecer su
vida, porque saben que pueden ser amadas, porque han comprendido que el arte de
vivir bien, no siempre está relacionado con la capacidad de consumo. Cuando le
decimos a alguien: ¡Qué bien vives! En el fondo le estamos diciendo que tiene gran
capacidad de consumo, y quizás “vivir bien” tiene más que ver con tener la
suerte, y la posibilidad de disfrutar la belleza, la amabilidad, la libertad,
etc.
Un comentario aparte merece la visualización como
herramienta para embellecer nuestra vida y nuestra realidad, no creo en esa
generalización que hemos escuchado tanto y que consiste en “decretarle al
universo, que te de aquello que quieres”, porque sigue siendo un pensamiento
mágico infantil, sin embargo, la visualización es diferente, porque muchos de
los límites que tenemos son autoimpuestos, y “visualizando” escenarios donde tenemos
una vida mejor, le damos la posibilidad a nuestro cerebro de buscar posibilidades
que no hemos sido capaces de ver. Puede ser que la visualización no nos consiga
exactamente lo que queremos, pero si es una vía regia para que nuestro cerebro,
que siempre está buscando soluciones encuentre lo que si necesitamos.
Merecen una palabra los seres humanos más desposeídos y
vulnerables para este plano de la existencia, nuestra acción solidaria y
efectiva con ellos, es la mejor oportunidad de “vivir bien”, ellos al no poseer
nada, son libres; pero no lo han elegido.
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