martes, 29 de noviembre de 2016

EL MÉDICO, LA LUZ Y LAS PALABRAS

Ricardo Linares dice que el terapeuta –y yo diría que cualquier médico- debería ser un tanto postmoderno, escéptico frente a la contundencia de realidades objetivas, y muy proclive a invertir en las sutilezas del lenguaje.
En mi trabajo me encuentro con mucha frecuencia a personas sin "historia", solo con pasado, me gusta ayudar a que esas personas se enzarcen en un proceso de construir su propia historia.
Todo mundo tiene un relato, a los terapeutas y a muchos médicos nos toca escuchar los relatos en los que las cosas no han salido como se esperaba, es decir los relatos difíciles. Es nuestro trabajo ayudar a re-escribir ese relato de manera esperanzadora, pero realista; constructivo pero sin chabacanerías y sobre todo dotado de sentido.
Nos pasamos media vida ayudando al niño supersticioso a asentir a la realidad tal como es para que cuando sea un adulto descubra la verdadera magia; es un trabajo como es la vida misma, que no es fácil pero siempre es fascinante.
Venía en mi moto pensando esto, mientras observaba que unas hojas caían tímidamente bajo una luz casi poética.
Ha sido inevitable no admirarse por la luz que acariciaba esta otoñal ciudad.

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