
Me da mucha pena que Susan Sontag no haya conocido esta planta que me regalaron muy pequeñita, que estuvo a punto de morir recién transplantada, que justo cuando estaba empezando a crecer fue cruelmente tratada por una nevada... Hoy es este árbol que enmedio de una ciudad a veces acariciante y a veces indiferente da frutos, si la hubiera conocido Susan Sontag a esta planta y unas cuantas más que he revivido en mi terraza quizás su libro no se llamaría "La enfermedad como metáfora", le hubiese puesto un título más jocoso: "Los plátanos como metáfora".
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