viernes, 13 de marzo de 2026

REFLEXIONES SOBRE LA TERAPIA


Una terapia te permite quedarte a solas con tus monstruos y no salir corriendo.

La terapia es un proceso profundo que generalmente se inicia en un momento crítico, en ese momento difícil es importante aliviar y sostener, pero el objetivo de la terapia no es conseguir un alivio en cada sesión, el objetivo es transformar una dificultad y a veces una manera de vivir. Para ello, es necesario iluminar algunas sombras, algo que puede ser doloroso y difícil, pero necesario para poder resignificar.

Una terapia o una cita médica sólo tiene sentido cuando la persona que tomará el tratamiento tiene un verdadero deseo, cuando alguien acude por la sugerencia de otro y no por deseo propio, se vuelve un escenario difícil para ayudar, pues la persona que ha accedido puede ser que tenga el discurso "Ya te hice el favor de estar aquí, ahora cúrame", para que una intervención terapéutica tenga resultado debe venir de un adulto que se quiere comprometer.

A menudo se tiene la creencia errónea de que ir a terapia es simplemente ir a “hablar con alguien”, pero va mucho más allá de la necesidad humana de ser escuchado.

En un mundo que se acelera cada vez más, que exige rendimiento y respuestas rápidas, la palabra se suele quedar sin lugar, y una terapia crea justamente ese espacio – tiempo donde alguien puede decir lo que no ha podido decir en ningún otro lado, ninguna vez en su vida.

El terapeuta no da consejos ni soluciones rápidas, ofrece algo más difícil y valioso, una escucha que permite a la persona encontrar su propia verdad.

La terapia es un lugar donde la palabra deja de ser ruido y vuelve a tener un sentido profundamente humanista, para poder surfear la vida con consciencia, con dignidad, y probablemente con alegría. 

miércoles, 21 de enero de 2026

DESEO, LEY Y TRANSGRESIÓN

 

¿Cuál es realmente tu deseo?, ¿cómo se forja el deseo? Lacan decía que "El deseo, es el deseo del otro", entendido no solo como DESEAR AL OTRO: familia, amantes, compañeros, amigos, etc. sino también y sobre todo, nuestro deseo es el resultado de EL DESEO DE OTROS sobre nosotros. 

Hay un orden simbólico que codifica nuestro deseo a través de la ley. Mi deseo no es totalmente mío, es el deseo de mis padres, que me concibieron y me dieron nombre, asignándose un lugar dentro del discurso que me legaron, y, posteriormente, el del medio social más amplio en el que nací, con sus leyes, normas, costumbres culturales y religiosas.

Deseamos a los otros (la fiesta del mundo está afuera) y deseamos lo que el orden previo desea que deseemos.
Aquí surge una fuerza nueva: La transgresión. Buscamos el placer a través de la transgresión.

Richard B. Keys en su ensayo “Entre la ley y la transgresión”, nos comparte algo personal: la severidad de su padre para quien la ley era la base de todo. Luego, en el internado se topó con un profesor aún más severo que su padre:

“En el internado todos los aspectos de la vida estaban regulados: el despertar, el sueño, la tranquilidad, la atención”

Así que empezó a transgredir la ley con pequeñas cosas: esconder objetos, saltar vallas, escabullirse por el bosque, lo cual tenía la consecuencia del castigo, la exhibición y la desvalorización moral delante de los compañeros. Empezó a “gozar” de transgredir la ley, de ser atrapado, de ser castigado y de sentir culpa y vergüenza. Al imponerle la ley, ese vigilante escolar le mostró el camino hacia la transgresión y el “goce”.

Recordemos que el "goce" es esa pulsión que tiene poco de gozosa, implica tensión, dolor y repetición. El “goce” Lacaniano tiene poco de gozoso, pues muchas veces no alivia la tensión, la sostiene; y cuando la alivia, la alivia dentro de un bucle, por ejemplo, el alcoholismo, las conductas sexuales frustrantes repetitivas, la exacerbación de una obsesión, e incluso la transmutación de un deseo original en un síntoma.

Conocer cual es nuestro verdadero deseo y vincularnos con él es un gran propósito en la vida, nuestro deseo está codificado por los deseos de los padres, los mandatos familiares, la impronta cultural y sobre todo por la Ley. La transgresión es un intento de escapar de la ley. 

Es fascinante observar como cada ser humano se ha atrevido o no a transgredir, en qué ha transgredido, cuales transgresiones han sido peligrosas, cuales inocentes y cuales exitosas. Hay personas que transgreden con “gracia” y quizás con suerte, y hay quien transgrede “a lo loco”.

Es un buen camino empezar a reconocer nuestro deseo, para ello hay que conocer la ley (mandatos, expectativas, etc.) que nos ha codificado, conocer también que transgresiones nos hemos permitido y su resultado.

Conocer nuestro verdadero deseo nos permitirá saber si podemos satisfacerlo, y si no es posible, soltarlo con paz, porque muchos seres humanos prefieren MANTENER OCULTO SU DESEO para mantenerlo insatisfecho, para sostener la tensión, para tener cosas para estar entretenidos mientras se mueren. 

“Si la relación del deseo con el objeto no fuera problemática no habría tema para tratar en el análisis. Los hombres, como los animales, se dirigirían a su objeto, y no le darían rodeos a éste. […] es decir, el hombre goza de desear, de ahí la necesidad de mantener el deseo insatisfecho” Lacan.