lunes, 5 de octubre de 2015

Las orquídeas de Pitágoras



Pitágoras de Samos y su escuela han pasado a la historia por la concepción matemática del universo cuyo epítome es el famoso teorema. Sin embargo, también fueron unos investigadores ínclitos en lo que a astronomía y música se refiere: Los pitagóricos fueron los primeros en definir el Cosmos como una serie de esferas perfectas que describían órbitas circulares. Pitágoras sostenía que los 7 planetas visibles para su tiempo: Mercurio, Venus, La Tierra, Marte, Júpiter, Saturno, incluyendo el Sol; al describir sus órbitas, emitían unos sonidos, las notas musicales que creaban lo que él llamó la Armonía de las Esferas.

Como creían en la metempsicosis o transmigración de almas, tenían por costumbre no comer (tocar) habas. Algunas exégesis entienden en esta prohibición evitar la pérdida del espíritu mediante los gases. Como sabemos que en griego haba también significa testículo, mi interpretación personal es que en el fondo Pitágoras no quería que le “tocaran los huevos”.

Hay más cosas que significan testículo: aguacate en Náhuatl y orquídea en griego.

Estoy pensando a quien enviarle una orquídea, hacerle un guacamole, o escribirle un poema alusivo a las habas.

miércoles, 30 de septiembre de 2015

ALUCINACIÓN EN LA LLUVIA



Dice Tranströmer que "Un poema no es otra cosa que un sueño en la vigilia". Yo por mi parte vivo agradecido a mis amigos, son la vigilia dentro de mi sueño, y cuantas más cosas pasan en la vida, más grandes se van haciendo ellos, los amigos y los sueños.
Hace poco, alguien muy querido al otro lado del atlántico estaba seriamente enfermo, a diez mil kilómetros de distancia tuve una alucinación, iba en el autobús por la Gran Vía de Barcelona, y mi cabeza sabía que estaba en Barcelona, pero mis ojos veían una calle de Zacatecas, mi voluntad de hierro era vencida por una nostalgia prístina y ontológica, mis ojos estaban en Barcelona, pero mi mirada paseaba por Zacatecas.
Ese mismo día llovía en Barcelona, una chica cayó de la moto, lloraba sobre el asfalto, no se hizo gran daño, era una como una florecilla de esas que crecen en las rendijas de los adoquines, flores urbanas de esas muchas de las que Stephen Crane se quedó con ganas de novelar, porque Stephen Crane murió joven, con tan solo 28 años. Y es que como dice Tranströmer, la muerte es un lunar que crece a distinta velocidad en todos, y quizás las palabras son un buen bálsamo para embellecer el recorrido.
Llueve en Barcelona, y las flores de asfalto se ponen melancólicas, y la lluvia se erige como vigilia de la vida y al mismo tiempo metáfora de las derrotas.

miércoles, 3 de junio de 2015

EL AMOR Y LA INTIMIDAD

El amor es un asunto presencial, amas de verdad solo para lo que estás presente, lo puedes confundir con la barata emotividad, aquella que no tiene profundidad, pero el amor es otra cosa, el amor es INTIMIDAD.
 
Es cuando compartes intimidad cuando amas, y hay muchos tipos de amor, tantos como variantes de intimidad, llamas pareja a la persona con la que compartes el mayor número de intimidades, pero es muy difícil que puedas compartir con una sola persona toda tu intimidad.
 
Hay conversaciones que jamás llegarás a tener con tu pareja, y hay actividades lúdicas que no son comunes a la intimidad que tienes con tus padres o con tus hermanos.
 
El amor a veces duele, daña si se trata del derrumbe de un amigo y mucho más cuando es el amor romántico el que cesa, porque el amor de enamorados se parece al carbón cuando está candente QUEMA, cuando está frío ENSUCIA.
 
FOTO: Un matrimonio en La Toscana

martes, 21 de abril de 2015

INMIGRANTES

Desde los diecisiete años me marché de la casa paterna, casa que siempre ha estado abierta, y hace muchos años que me marché de mi ciudad, de mi país, no me puse ninguna flor en el pelo para atreverme, pero si experimenté la mezcla de ansiedad e ilusión de quien pretende coger las riendas de su futuro.
Hace unos días, una amiga querida que estudia el fenómeno migratorio hablaba de la valentía de los que se han atrevido a cruzar mares y fronteras para conseguir sus sueños, pienso que también los que han decidido tomar la vida y aprovecharla en el lugar a donde pertenecen, son dignos de admirar, es decir quien se hacer responsable de su vida y se esfuerza por aportar algo a la familia y pueblo que pertenece, es digno de admiración, quizás en los que emigramos “con una mano adelante y otra mano atrás” tal admiración suele ser más evidente.
Entre los grandes personajes de la historia hay quien ha necesitado emigrar para poder crear: García Márquez, Nikolai Gógol, Marguerite Yourcenar, pero también los hay quienes no han necesitado más que su tierra: Juan Rulfo, Emmanuel Kant, etc.
Hay emigraciones dramáticas, especialmente las de las pateras en los océanos, las de los mexicanos cruzando el río bravo, las de los centroamericanos cruzando hacia México... pero aún en los casos de emigración más afortunada, siempre hay el peso constante de la distancia.
Cuando te conviertes en inmigrante, lo eres para siempre, por más que establezcas tu morada en un sitio distinto a donde perteneces, por más que vuelvas a donde has nacido, vivirás con la doble riqueza –y doble nostalgia- de pertenecer a dos pueblos y de añorarlos por más que los tengas dentro.
Me gusta sentirme parte de los emigrantes de este mundo, me esfuerzo cada día para que esa decisión de dejar mi país, tenga sentido, me gustaría poder aportar algo siendo Mexicano... espero conseguirlo.
Decidí emigrar, y lo que vamos eligiendo en la vida nos imprime carácter, huella indeleble. No hay tatuaje mayor que el que te fabricas con tus decisiones y tus acciones. Tus elecciones se convierten en sino, tu biografía se convierte en biología.

Soy un inmigrante y me parece bien.

lunes, 6 de abril de 2015

EN LOS AÑOS OCHENTA

En los años ochenta conocí al presidente de México, a ese mismo que prometió defender la moneda mexicana como “un perro” y que luego su mansión fue llamada “la colina del Perro”, le conocí unos meses después de que me rompí el codo derecho, dicen los que todo lo interpretan que seguramente era un niño demasiado inquieto al cual le limitaban su radio de acción, debido a esa fractura aprendí a escribir con la mano izquierda, por cierto un letra ilegible, pero al volver a escribir con la mano derecha, mantuve la letra ilegible hasta nuestros días. Es una letra que respeta la línea, aún si esta no existe, que tiene pocos exabruptos, escribo palabras que al leerlas se han de reinterpretar continuamente.
En los años ochenta me di cuenta que éramos muy pobres y diseñé mis planes para vivir, a los cuales sigo siendo fiel: hasta los 20 aprender, hasta los 30 especializarme, hasta los 40 disfrutar de todo, hasta los 50 escribir cosas y después hacerme rico.
En los años ochenta mi padre nos llevó a la capital del semidesierto, a Zacatecas, y nos pusimos a vivir en el cerro, hacinados, empobrecidos, pero nunca pusilánimes. La pusilanimidad no existe en mi diccionario, eso a pesar de que empecé a gestionar mi riqueza trabajando a los doce años en una lavandería.
En los años ochenta mi compañero Alejandro me dijo que con tres vueltas que le diera corriendo al parque de la encantada, dejaría de ser gordo, no le hice caso, seguí siendo gordo, no me dio recetas para dejar de ser cegatón y torpe. ¡Que sabio Alejandro! Me dijo que me hiciera muchas pajas al día, que con eso me haría muy hombre, aún sigo esperando el resultado. Alejandro, ejerció de sparring para ahuyentar mi temor: ¡Yo le había cerrado la puerta en las narices al más bravucón de los niños!. “Me va a madrear” dije, “aunque te pegue, dale un empujón que tu eres gordo” dijo él.
En los años ochenta saqué buenas notas, bailé en los festivales, declamé poesías cursis, hice discursos delante de niños y políticos, y decidí que un día me marcharía de Zacatecas.
En los años ochenta, fui presidente de la sociedad de alumnos de mi escuela, conseguí que los cines de Zacatecas nos hicieran un cincuenta por ciento de descuento, aunque tuve que pasar la vergüenza de haber perdido las credenciales de los casi 400 niños, seguramente se fueron a la basura junto con alguna revista pornográfica lanzada intempestivamente. Organicé concursos, festivales, rifas, conseguí que profesores y padres se sentaran con los niños a planear cosas...tenia 12, 13, 14, 15 años y trabajaba. Es decir, nunca me ha faltado dinero.
En los años ochenta milité en un partido político, en el PRI, pues en esa época todos éramos PRIISTAS y CATÓLICOS, Priístas no creyentes y católicos no practicantes, tenía 14 años, me di de baja del PRI “por razones de coherencia” a los 15, porque Miguel de la Madrid había prometido una “renovación moral de México” y yo a mis quince años no veía nada, fue en ese entonces cuando siendo líder fui recibido por el gobernador del estado, me recibió más bien como quien recibe a una atracción de circo: un niño metido en política. Le saqué una beca, ¡Una bendita beca!.
En los años ochenta le di la espalda a las conversaciones con mi padre. No las recuperé hasta después de muchos años, en los años ochenta mi madre me hizo llorar, cosa que he olvidado, olvidar no es ignorar, es apartar la mirada de lo que te impide caminar. Con el tiempo, mis padres se han convertido en los mejores compañeros de viajes y de viaje.
En los años ochenta y teniendo tan solo 16 años entré a la facultad de medicina. Seis de la mañana, clase de anatomía, en esa época era más veleidoso de lo que soy ahora, y preso de un éxtasis similar al de Teresa de Ávila intenté hacerme cura... si volviera a nacer volvería a entrar... y me volvería a salir: latín, griego, francés, inglés, piano, guitarra, literatura, todo lo que a mi pobre formación en la escuela pública le faltó lo suplió el seminario. Como anécdota, el Obispo de la época –que luego llegó a ministro de salud del vaticano- envió una lista de libros prohibidos: ¡Bendita lista¡, gracias a ella y a un cura rojillo que era nuestro profesor de Sociología y Francés conocimos a todos los autores prohibidos.
En los años ochenta, leía como un tornado: psicólogos, filósofos, novelistas, a finales de los ochenta me marcaron profundamente Freud, Víktor Frankl, Carl Rogers, Abraham Maslow, Samuel Hahnemann, Eric Berne, Schopenhauer, Nietzche, Kierkegaard, Gabriel Marcel, Jean Paul Sartre, etc.... una época en la que también tuve los anhelos suicidas de Kawabata, Mishima, Virginia Woolf, Hemingway, Cesare Pavese... seguro quería morir porque todavía no sabía de este momento en el que estoy escribiendo.
En los años ochenta, justo el día de mi cumpleaños, una bellísima chica (que sigue siendo muy bella) me pidió que fuera su novio, le dije que si, me cogió la mano en el cine y me dio un beso en la boca, a los pocos días me dejó, es decir todo lo hizo ella, menos nuestra amistad, que la hemos construido los dos y permanece alegre y fresca.
En los años ochenta, era mucho más enamoradizo de lo que soy ahora, en los días actuales los enamoramientos me duran tres días, son más bien caprichos, en los años ochenta eran pasión pura.
En los años ochenta me fui con mis hermanos en un destartalado coche volkswagen a conocer el mar, diez horas de viaje, que no olvidaré nunca, en los años ochenta, como ahora, lo más importante eran mis hermanos.
Perdonad mi arrogancia, pero como dijo Faulkner: "Si yo no hubiera existido, alguien me habría escrito".
FOTO: En esta humilde casa crecí con mis cuatro hermanos.

miércoles, 25 de marzo de 2015

HOTEL DE DREAM

ALLEN GINSBERG - EDMUND WHITE - STEPHEN CRANE

Siempre he sido un apasionado lector, temporadas más, temporadas menos. La anécdota de que me caía por la calle o me tropezaba con la gente por ir leyendo cuando era adolescente, es un mito familiar alimentado y exacerbado por alguna anécdota real.
Ha habido temporadas en las que la literatura ha sido la única justificación de mi paso por esta tierra.

La semana empezó revisionando la película “Howl”, habla del juicio al editor de Ginsberg por “distribución de pornografía” con el poema que da nombre a la película. La primera lectura del poema en San Francisco, el juicio y una entrevista personal a Ginsberg (bordado por el camaleónico James Franco), podrían haber conseguido un biopic documental que rompiera los moldes, pero la innecesaria repetición de algunas estrofas del poema y la inclusión de animaciones que no acaban de encajar, permiten entender como es que no tuvo gran eco la película, aún cuando hablaba de ese genio – para muchos- de Ginsberg.

Ayer terminé de leer “Hotel de Dream” de Edmund White- me emocioné experimentando una especie de nostalgia por haber estado viviendo dentro del libro unos días y tener que salir, eso si, esa novela es ya uno de mis universos paralelos.

El protagonista de esta bellísima novela de Edmund White es Stephen Crane, clásico de la literatura norteamericana, quien murió a los 28 años de tuberculosis. White narra los últimos días de Crane cuando enfermo de tuberculosis le dicta a su mujer un relato sobre la obsesión de un banquero por un chico de quince años en el Manhattan finisecular.

Edmund White consigue un relato conmovedor y aun siendo ficticio – pues solo hay pequeños indicios de que Stephen Crane habló sobre ese chico alguna vez con su editor, nada más-, consigue que podamos entender el apasionamiento de Stepen Crane, su facilidad para transformar lo cotidiano de Nueva York en relatos bellísimos, para encontrar belleza incluso en personajes patéticos, tanto que pensaba titular uno de sus libros “Flores del asfalto”.

Disfruté desde la primera línea, contuve la respiración con un Stephen Crane muriendo exhausto de toser, agotado por la fiebre, aniquilado por el dolor. Estuve ansioso como su esposa preguntándome por el destino de cada uno de los personajes del relato “Del chico pintado”, pues es otra de las virtudes de este libro, de alguna manera introduce a los escritores imberbes en la belleza y dificultad del proceso creativo.

lunes, 23 de marzo de 2015

LA CHICA DE LA MOTO

Se puso a mi lado con su BMW 600 de los años 70, su ruta iba en paralelo a la mía, nuestros destinos estuvieron unidos durante trescientos metros, en el segundo semáforo elogié su moto tan pulcra, “si algo te gusta lo cuidas”, me dijo sonriente, ella, tan segura, tan esbelta, su comisura labial tan perfecta revelaba que su moto era mayor en edad que ella, un cuerpo perfecto adosado a la moto cual moderno centauro, con unos pantalones orgullosos de contener esos muslos. Sus cabellos lacios salían por detrás del casco negro el cual desentonaba con la belleza de aquel cuerpo. Un casco rayado y sucio, como una corona deslucida que abdicaba de todo protagonismo. No pude evitar pararme unos metros delante de donde aparcaba, para mirar sus movimientos perfectos, se quitó el casco y se acomodó los cabellos sin afectación, puso su chupa de cuero en el antebrazo, y unas gafas de sol sobre sus ojos, todo ello mientras sonreía a su chico que la saludaba con la mano extendida.