
Los días que hago maratones de trabajo, entro en una especie de estado hipnótico.
Ciertamente comparto el trabajo con unas alegres y eficaces secretarias que hacen que aquello funcione como una máquina bien engrasada, así que al terminar la jornada laboral me sorprendo de haber visitado tantos pacientes, de haber contestado tantos e-mails, de haber hecho tantas llamadas y generalmente sin estrés.
Entonces todos los miembros del equipo de trabajo podemos llegar a casa con la dulce y prístina sensación del deber cumplido.
Feliz Viernes
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