
...mientras bebía su carajillo, con las manos temblorosas, discretas lágrimas se colgaban desamparadamente de sus mejillas...
No hacían falta aquellas gafas negras, nadie lo miraba y pensaba lo siguiente:
“Vivimos un mundo vertiginoso en donde resulta difícil aguantar y vivir el silencio, un torrente de personajes apresurados se cruzan por la calle sin mirarse. En nuestra propia familia muchas veces nos cuesta mirarnos a los ojos.
Los grandes asuntos en la vida tienen el mismo cariz, la misma intensidad: la vida, la muerte, el amor, la enfermedad, la paternidad... los seres humanos difícilmente aguantamos esas situaciones, por eso nos retiramos un poco antes, hacemos ruido y dejamos de mirar. Es más fácil abrazar a la gente, decirle palabras ... que mirarla.”
Nadie lo miraba...
Empezó a escribir porque estaba viejo y moribundo, escribir sería una buena manera de superar el caos, de aliarse con el destino.
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