miércoles, 1 de septiembre de 2010

LO REAL Y LO IMAGINARIO


Hace poco salió en los periódicos un acontecimiento muy desgraciado, por un descuido un hombre se quedó encerrado toda la noche en una cámara frigorífica, lo encontraron al día siguiente muerto por congelación, el frigorífico no estaba enchufado, pero el hombre no lo sabía.

Si a una persona se le realiza un escáner pidiéndole que piense en una manzana, y luego otro mostrándole una foto de una manzana, el resultado es el mismo, las zonas de estimulación son las mismas, tanto si es una idea o una imagen, es decir en cuando al funcionamiento biológico, la cosa y la idea de la cosa son equivalentes.

Ocurre con mucha frecuencia que un diagnóstico equivocado –sobre todo en nuestros días donde la información médica está al alcance de cualquier persona- genera toda la sintomatología de la enfermedad.

El cerebro no puede distinguir entre lo real y lo imaginario, entre lo virtual y lo simbólico. La biología no puede hacer diferencia, no hace diferencia entre la información que viene de fuera o la que viene del interior del cuerpo. Los animales solo viven conflictos en lo real por lo tanto solo buscan soluciones reales: huir, atacar, camuflarse, etc; los humanos en cambio podemos hacer conflictos imaginarios.

Los símbolos son importantísimos para los seres humanos, si dibujo un corazón, una casa, una flor, etc. eso resume muchas cosas. Una historia de amor en el cine, entre dos actores que en realidad no se quieren, puede arrancarnos las lágrimas más sentidas, igual que las del primer desengaño amoroso que hayamos tenido, estamos en un plano virtual, un plano que fabrica el síntoma que se hace biología.

La biografía –y la imaginación- se convierten en biología.

Para el cerebro el símbolo es la cosa, una palabra, una imagen pueden enfermar... o curar.

FOTO: Un rincón Asturiano cuya realidad no podía ser superada por ninguna imaginación

2 comentarios:

podi dijo...

El cerebro humano -quizás otros también- analiza las cosas en función de la información que le llega. En determinadas ocasiones no acaba de distinguir si los bits que le llegan son reales o no; son "bits" de información y acaban generando una cascada de reacciones, ¿no?

El mundo entero de "ahí fuera" podría no ser real y ese hecho podría pasarnos inadvertido, constituyendo, en todo caso, nuestra realidad.

Se me plantea entonces esa disyuntiva de... "¿hay que comunicar al enfermo de una enfermedad muy grave su situación o hay que "engañarle"? Podría ser que lo que hagamos en estos casos fuera más allá de implicaciones en su estado de ánimo.

PODI-.

Adrián Rangel dijo...

Fuentes???